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Podríamos destacar principalmente dos tipos de inversiones según activo financiero: inversiones en renta fija e inversiones en renta variable. Dentro de este tipo de activo, hay muchos subtipos y productos asociados. Por ejemplo, en la renta fija tenemos letras, bonos y obligaciones, que dependen del vencimiento; mientras que en la renta variable existen las acciones, los derivados, los etfs, la inversión en forex...
Por otro lado, también existen los productos como los fondos de inversión o los planes de pensiones, que pueden invertir tanto en renta fija como en renta variable, dependiendo de la filosofía de inversión del mismo. Cada producto y activo tiene unas características diferentes y depende de tus necesidades, objetivos y aversión al riesgo que sean adecuados o no para ti.
Por norma general, las inversiones más rentables son aquellas que están más expuesta a volatilidad, es decir, que pueden sufrir mayores variaciones. En este caso, hablaríamos de activos de renta variable. Sin embargo, al tener un mayor potencial de revalorización, también tienen un mayor riesgo de sufrir rentabilidades negativas. Por el contrario, la renta fija tiene una menor volatilidad pero al mismo tiempo tiene un menor potencial de revalorización.
Dentro de todo el universo de inversión, las más seguras son las relacionadas con activos de renta fija. Ahora bien, dentro de la propia renta fija también hay niveles de volatilidad y riesgo. Cuanto mayor es la duración del activo o cartera de renta fija, mayor es el riesgo. Cabe destacar que aunque la renta fija es más segura respecto a la renta variable, toda inversión conlleva el riesgo, por lo que no hay una inversión que sea 100% segura y está la posibilidad de no recuperar todo el dinero invertido.