El viernes, con el S&P 500 en 7.591 puntos, señalábamos datos anómalos en el sector industrial a favor de un rebote relevante antes del 10 de diciembre (mediana +13,70%).
En esas circunstancias las caídas tienden a estar contenidas, y en las últimas 9 ocurrencias no se superó el 5% de caída adicional hasta que el rebote se hubo completado.

Esta información es relevante por dos motivos. En primer lugar por la correlación histórica que se da entre este sector cíclico y el índice S&P 500. Si analizamos la tabla apreciaremos cómo todo rebote del sector industrial estuvo correlacionado en magnitud con el del índice (mediana +13,70% del industrial vs. mediana +12,70% del S&P 500).
Teniendo en cuenta que el S&P 500 cotizaba el jueves en 7.591 puntos, un rebote desde este nivel hacia los 8.000 puntos representaría tan sólo un 5,4%, muy por debajo de dicha mediana de rentabilidades anteriores.
La correlación entre el sector industrial es más evidente con el índice DOW JONES INDUSTRIALES, que a su vez se correlaciona con la evolución del S&P500, como podemos ver debajo.

En segundo lugar, dándose esta correlación, y teniendo en cuenta que en el sector industrial las caídas no han tendido a superar el 5%: desde los 7.591 puntos del estudio, un descenso máximo del 5% llevaría al S&P 500 a la zona de 7.200 puntos.
Ese número es clave. Lo hemos destacado en varios informes como soporte importante del S&P 500, según la tabla inferior, que de momento se viene cumpliendo (mayo, junio y julio). De acuerdo con ella, las probabilidades de que el índice cierre el 31 de octubre por encima de 7.209 puntos son elevadas.
Por tanto, el estudio anterior encaja con el de la tabla que hemos venido siguiendo.

Todo ello nos induce a pensar en la probabilidad de que las caídas del S&P 500 estén contenidas y que sigan respetando niveles de soporte en 7.200 puntos.
Por otro lado, merece la pena resaltar la situación actual del petróleo, en su referencia West Texas, por la elevada sobrecompra que presenta al llegar a los 104 dólares por barril. Desde 2022, en las ocho ocasiones en las que el crudo ha registrado niveles de sobrecompra como los actuales se ha formado, sin excepción, un máximo relativo de cierta importancia.

Que el petróleo esté cercano a un máximo relativo de cierta importancia deberían ser buenas noticias para el S&P 500, ya que, en los últimos meses, la correlación inversa entre petróleo y S&P 500 se ha intensificado.

En resumen, los datos que apuntan a un rebote relevante en el sector industrial, correlacionado con el S&P 500, sugieren que, de volverse a cumplir, los 8.000 puntos del selectivo americano no serían difíciles de alcanzar antes de final de año. Las caídas, en ese caso, quedarían contenidas por encima del soporte de los 7.200 puntos. Un máximo relativo cercano del petróleo encajaría con esa tesis.
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Eduardo Faus Ipiña
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