La revolución espacial comercial está redefiniendo los límites de la actividad orbital. El coste de acceso al espacio se ha reducido de forma estructural, la conectividad de alta velocidad alcanza cualquier punto del planeta sin necesidad de infraestructura terrestre, las empresas privadas desarrollan y operan sus propias estaciones espaciales, y la exploración de la Luna y Marte deja de ser un dominio exclusivo de las agencias gubernamentales para convertirse en un mercado con ingresos recurrentes.
Lo que hace apenas una década constituía un monopolio de los Estados y de los presupuestos públicos se ha transformado en una industria de cientos de miles de millones de dólares. Este cambio se sustenta en la reutilización de cohetes, el despliegue de grandes constelaciones (redes masivas de satélites que orbitan la Tierra de forma coordinada, casi siempre en órbita baja) y la creciente demanda de conectividad, capacidades de defensa y datos.
Según los datos de la Space Foundation, la economía espacial global alcanzó los 686.000 millones de dólares en 2025, casi cuadruplicando los 177.000 millones de 2005. Se dirige hacia el billón de dólares (1 trillion) a mediados de la próxima década, con proyecciones más ambiciosas que alcanzan los 1,8 billones en 2035 (1,8 trillions). En la actualidad, entre el 78% y el 80% de esta actividad ya es de carácter comercial.

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Eduardo Faus Ipiña
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