Algunas de las tesis macroeconómicas más influyentes coinciden en señalar que podemos estar ante el inicio de una tormenta perfecta: una explosión de productividad impulsada por la inteligencia artificial, potenciada por un entorno macroeconómico excepcionalmente favorable.
La combinación de un posible "dividendo de paz" derivado de la reducción de tensiones geopolíticas, un nuevo liderazgo en la Fed más orientado al crecimiento y la continuidad de un superciclo de inversión en infraestructura tecnológica y energética crea las condiciones ideales para que la inteligencia artificial pase de ser una promesa tecnológica para convertirse en el principal motor de la economía mundial.
Los principales índices estadounidenses muestran un momentum extraordinario, con rachas alcistas y datos de fuerza relativa que históricamente han precedido a continuaciones alcistas significativas.
En este contexto, Nvidia vuelve esta semana al centro de atención de los mercados. Los analistas esperan unos ingresos cercanos a los 78.000 millones de dólares para su primer trimestre fiscal 2027, lo que supondría un crecimiento interanual superior al 80%. Este impulso vendría de la mano de la demanda explosiva de los chips Blackwell y la incipiente plataforma Vera, que promete ser hasta 10 veces más eficiente que su predecesora. Hace dos días, el propio Jensen Huang, CEO de Nvidia, reforzó esta narrativa al señalar que “la demanda de memoria va parabólica, “utterly parabolic”, superando claramente la capacidad de producción actual y convirtiéndose en el principal cuello de botella para el despliegue masivo de inteligencia artificial.
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Eduardo Faus Ipiña
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