Sin embargo, más abajo se aprecia cómo, en el mismo periodo, otros sectores han registrado pérdidas (utilities, materiales y consumo discrecional), mientras que otros han tenido un comportamiento más neutro.


Esta disparidad de comportamientos también ha tenido, en las últimas semanas, un reflejo en los principales índices, especialmente a partir de mediados de agosto. Desde esa fecha, mientras el Nasdaq presenta una rentabilidad del 1,5% y el S&P 500 aguanta con un −0,5%, otros índices, como los de pequeñas y medianas compañías, presentan caídas superiores al 6%.

Reflejo de lo anterior es el gráfico que publicamos el lunes, en el que mostrábamos que un gran número de valores del S&P 500 se encontraba por debajo de sus medias de 20 sesiones. Ello pone de manifiesto que, detrás de la aparente fortaleza del mercado americano, varios de sus componentes han experimentado correcciones de cierta magnitud.

Desde los mínimos anuales del 30 de marzo, el peor sector ha sido el de utilities. Como podemos ver más abajo, las caídas desde los máximos del 9 de abril han sido del 17%, lo que ha dejado excesos bajistas en sus indicadores técnicos, frecuentemente asociados a buenos puntos de compra, con un horizonte inferior a 6 meses.


Más allá de que dicho sector pueda constituir una oportunidad de compra —al menos de cara a un rebote técnico de cierta consideración en los próximos seis meses—, el mensaje es que esa teórica zona de atractiva rentabilidad-riesgo debería ir correlacionada con un buen tono del resto del mercado, dada su correlación natural.

Si estos sectores con excesos bajistas consiguen acompañar al resto del mercado, los índices podrían encender motores a pleno rendimiento y dar paso a un rebote más sostenido y participativo en los próximos meses.
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Eduardo Faus Ipiña
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