Hay momentos en los que el inversor siente una profunda y visceral desazón, con la certeza de que el mundo está al borde del colapso. Tensiones geopolíticas, amenazas continuas y titulares alarmantes crean una atmósfera tan densa que abrir la cuenta de bolsa genera más rechazo que ilusión. Es humano refugiarse en la prudencia, pero esa prudencia suele ser miedo disfrazado de virtud, y nos quedamos paralizados, justificados en la inacción.
Sin embargo, la historia invierte esa lógica con frecuencia. Cuando el consenso abraza la cautela extrema y el pesimismo ya se ha descontado con creces en los precios, surgen las oportunidades más sólidas a medio y largo plazo. Las grandes rentabilidades no nacen en la euforia generalizada, sino en esos incómodos momentos en los que la mayoría se aparta.
En los últimos meses, titulares alarmantes han hecho caer al sector del software un 35% desde sus máximos, con valores como Microsoft, cuarto valor del mundo por capitalización, dejándose un 30% desde finales del pasado octubre. El reciente ataque de Estados Unidos a Irán ha generado un ambiente desagradable en los mercados. Sin embargo, históricamente, desde los años 90, las principales contiendas iniciadas en Oriente Medio han resultado alcistas para las bolsas a tres meses vista, incluso en periodos complicados como el mercado bajista de 2001. El mercado está discriminando entre sectores, y en esa discriminación suele aparecer un miedo excesivo que, con frecuencia, se convierte en oportunidad de inversión.
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Eduardo Faus Ipiña
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