Opinión 26 junio 2026

SpaceX y su suspenso en ESG


Hay un aspecto de la salida a bolsa de SpaceX poco comentado: su pésima calificación en los criterios ESG (medioambiental, social y gobernanza). MSCI ha otorgado a SpaceX una calificación de CCC, un suspenso en toda regla.

Vista la enorme demanda en la salida a bolsa de SpaceX, más de 250.000 millones de dólares, o 3,3 veces el importe equivalente de las acciones ofrecidas, no parece que la calificación ESG de SpaceX haya sido un inconveniente para los miles de inversores que han solicitado acciones de la compañía.

La calificación ESG de SpaceX está sensiblemente por debajo de la que ostentan las grandes tecnológicas, siendo Microsoft la que tiene mejor calificación, AA; seguida de Apple y Tesla con BBB.

Hay argumentos discutibles en la calificación otorgada por MSCI respecto a la mala evaluación medioambiental atribuida a SpaceX. MSCI señala como factor negativo las emisiones asociadas al lanzamiento de cohetes y el riesgo futuro de basura espacial de los satélites integrantes de la constelación de Starlink. Frente a estas críticas, el propio Elon Musk ha comentado que “desafortunadamente los cohetes eléctricos son imposibles”. Si no existe tecnología alternativa a la utilizada, es difícil utilizar el mismo criterio que se utilizaría en otros sectores tradicionales.

El aspecto más reprochable a SpaceX, en términos de criterios ESG, reside en los serios déficits en la gobernanza de la compañía. Los aspectos negativos son numerosos:

  • Existen dos clases de acciones, de tal forma que Elon Musk y sus allegados controlan más del 85% de los derechos de voto porque sus acciones tienen diez votos cada una, frente al voto individual de las acciones ordinarias. Así, Musk podría llegar a tener una pequeña participación de la compañía y seguir controlándola.
  • Elon Musk dispone de un poder omnímodo en la organización. Musk es a la vez el presidente del consejo de administración, el consejero delegado y el director de tecnología. No existe ningún contrapeso dentro de la organización a su poder.
  • El propio consejo de administración de SpaceX está formado por Musk, dos de sus más estrechos colaboradores —la directora de operaciones y el director financiero— y por consejeros externos que principalmente son inversores de capital riesgo que ya han acompañado a Musk en el pasado. Para los estándares habituales existe una carencia notable de independencia entre los consejeros externos. Ninguno de los nueve consejeros puede ser elegido o sustituido sin el consentimiento de Elon Musk.
  • Los estatutos de SpaceX le permiten explícitamente a Elon Musk tomar para sí, en lugar de para la compañía, cualquier oportunidad de negocio, aunque se haya presentado inicialmente a SpaceX.
  • Existen grandes incertidumbres sobre la gestión de los evidentes conflictos de interés en las operaciones de SpaceX con otras empresas que Musk también controla. Entre otras operaciones, SpaceX adquirió a Tesla Cybertruck por 131 millones de dólares en 2025; en febrero de 2026 SpaceX absorbió xAI; Tesla invirtió 2.000 millones de dólares en xAI, que acabaron convirtiéndose en acciones de SpaceX tras la fusión.

El gran apetito inversor visto en la salida a bolsa de SpaceX pone de manifiesto que un elevado número de inversores prioriza otros criterios antes que los criterios ESG. En cualquier caso, las deficiencias en la gobernanza de SpaceX son notables y llamativas, pero conocidas.

Los posibles excesos que cometa a futuro Elon Musk en la gobernanza de SpaceX no deberían ser una sorpresa, ni ningún inversor debería escandalizarse por ello. La información pública aportada para la salida a bolsa lo refleja nítidamente. Elon Musk tiene potestad para fijar la estrategia, para vetar cualquier decisión, puede quedarse para sí y apropiarse cualquier oportunidad de negocio que inicialmente se presente a SpaceX y, adicionalmente, su blindaje estatutario y contractual impide que pueda ser destituido por los accionistas.

Lo más llamativo es que estas deficiencias en la gobernanza de la empresa se den en una sociedad cotizada con una capitalización que supera los dos billones de dólares. Parece que a nadie le preocupa.

Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, Consejero-Director General de Renta 4 Banco, en El Economista.



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