Opinión 15 junio 2026

SpaceX inaugura el superciclo de inversión, y las bolsas pasan la prueba con éxito

Las bolsas han pasado muy bien la prueba de la megasalida a bolsa de SpaceX, pero lo más interesante no es tanto el haber pasado esa prueba, sino la sensación de que los mercados financieros están preparados para afrontar el ciclo de inversión que se avecina, un ciclo en el que las necesidades de financiación van a adquirir una escala desconocida hasta ahora. Estamos ante un ciclo económico que requiere enormes inversiones, no solo por la inversión directa en IA, y no solo por la energía necesaria para la IA, sino porque todas las industrias tendrán que invertir y gastar cantidades ingentes en adaptar (upgrade) sus procesos, su infraestructura y su capital humano para metabolizar esos cambios, y porque, además, los tres bloques (EE. UU., China y Europa) quieren conseguir la mayor autonomía estratégica posible, y eso implica fuertes inversiones.

Todo esto requiere una nueva escala de financiación, que solo los mercados financieros actuales pueden ofrecer y, por eso, la verdadera buena noticia de la semana pasada no es tanto el éxito de la colocación de SpaceX, sino la comprobación de que los mercados financieros actuales están preparados para asumir el reto de financiar lo que viene.

Y lo que viene va más allá de SpaceX. La colocación de los 75.000 millones de dólares de SpaceX fue precedida, la semana pasada, por la ampliación de capital “exprés” de Alphabet, nada más y nada menos que por 80.000 millones de dólares. Una cifra enorme, superior incluso a la de la colocación de SpaceX, y cuya mitad (40.000 millones de dólares) fue suscrita de forma inmediata por Berkshire Hathaway y otros inversores, quedando pendiente de salir al mercado en los próximos meses la otra mitad, que ha sido asegurada por los grandes bancos de Wall Street. El pasado jueves otra gran tecnológica, Oracle, anunciaba una ampliación de capital por cuarenta mil millones de dólares, y tanto Anthropic como Open AI han registrado ya sus respectivas salidas a bolsa, que no serán pequeñas. Es seguro que otras tecnológicas acudirán también al mercado para pedir los recursos que necesitan para no quedarse atrás en la vertiginosa carrera de la inteligencia artificial. Como ya lo ha hecho, por ejemplo, Prometheus, la nueva compañía de Jeff Bezos, que pretende crear la IA, no del lenguaje sino del mundo físico y sensorial, y que, sin salir a bolsa, ha captado ya en el mercado privado más de diez mil millones de dólares.

Es verdad que la cotización de Alphabet ha caído un 10% el último mes, como consecuencia esencialmente de la mencionada colocación de acciones, y es verdad que a Oracle su anuncio de la ampliación le ha supuesto una caída semanal en bolsa de casi el 14%, a pesar de haber publicado unos excelentes resultados trimestrales. Pero lo importante es que el mercado absorbe esas colocaciones. 

Estamos pasando así de un escenario en el que las grandes compañías, y sobre todo las grandes tecnológicas, compraban en bolsa sus propias acciones, a través de los llamados “buybacks”, al escenario opuesto, en el que las grandes tecnológicas emiten acciones para captar dinero del mercado. En el mundo de las “buybacks” se inyectaba dinero al mercado, ahora, en el mundo de los mega IPOs y de las megaampliaciones de capital, se detrae dinero del mercado y, además, en una escala hasta ahora nunca vista. Eso es lo que hace especialmente interesante que se haya superado el IPO de SpaceX con buena nota, porque, en cierto modo, era una prueba de fuego de la capacidad de los actuales mercados de capitales para absorber la ingente demanda de financiación que se les viene encima, y porque, además, ha servido para certificar que las bolsas han entrado definitivamente en una nueva dimensión, en otra galaxia, como diría  Elon Musk, la galaxia de las megasalidas a bolsa y de las “trillion dollar companies”.

En ese escenario vemos cada vez, con más frecuencia, saltos de valor exponenciales, como la subida del viernes pasado de Arm Holdings, de un 11,3% en la sesión, o como la caída del 12% de Oracle en la sesión del pasado jueves, castigada por el anuncio antes mencionado. Si una imagen vale más que mil palabras, esa imagen podría ser la de la ceremonia de toque de campana de SpaceX el pasado viernes, con Elon Musk en la sede de la compañía en Starbase (Texas) y la presidenta de la compañía, Gwynne Shotwell, en la sede de Nasdaq en Times Square (Nueva York), ambos conectados en tiempo real y rodeados de numerosos empleados y directivos de la empresa, con la canción Rocket Mande Elton John como música de fondo, y con una enorme pantalla reflejando continuos lanzamientos de cohetes al espacio.

¿Cuál es la repercusión de todo lo anterior de cara a nuestras inversiones? ¿Viene un recorte provocado por el exceso de papel? ¿Van a aguantar las bolsas? ¿Van incluso a seguir subiendo? ¿Qué van a hacer las grandes tecnológicas, sobre todo las vinculadas a la IA y a los semiconductores?

Tal vez lo que estamos viendo estas últimas semanas, y lo que hemos visto en la salida a bolsa de SpaceX, nos pueda dar algunas claves para responder a esas preguntas. Y lo que estamos viendo es, como decíamos la semana pasada, que se va terminando el ciclo de alzas explosivas en las tecnológicas, para dar paso a una etapa más sosegada y a un escenario más tranquilo de consolidación lateral. Esa es nuestra lectura y, aun a riesgo de estar equivocados, no vemos, de momento, grandes caídas ni en las tecnológicas ni en el resto de la bolsa, sino más bien una corrección ordenada de los excesos, con una cierta rotación. Ese escenario de corrección ordenada es el mejor antídoto contra desplomes bruscos, y bien podría ocurrir que a nivel de índices siguiésemos viendo nuevos máximos a lo largo del verano. Esos máximos en los índices serían compatibles con la corrección de excesos en algunos valores, tal y como ya lo hemos visto, por ejemplo, con la corrección bursátil de las empresas de defensa en Europa, que no ha impedido nuevos máximos en las bolsas europeas, o con la corrección de algunas grandes tecnológicas americanas, como Microsoft, Meta, Oracle o Tesla, todas ellas con caídas de dos dígitos desde el uno de enero, caídas que no han impedido que el S&P y el Nasdaq marquen numerososximos históricos sucesivos.

El entorno macro y el entorno geopolítico ayudan a ese escenario más bien positivo. En lo geopolítico, el encuentro entre Trump y Xi Jinping de hace dos semanas ha dejado la sensación de que se camina hacia un acuerdo entre ambas potencias, y la apertura del estrecho de Ormuz podría ser una primera muestra de ello. De momento, tanto el crudo ligero (WTI) como el Brent han caído por debajo de los 90 dólares por barril.

En lo que a la macroeconomía se refiere, aunque el pasado miércoles supimos que la inflación de abril en EE. UU. ha subido al 4,2%, que es el nivel máximo de tres años, la inflación subyacente se mantiene en el 2,9%, un nivel muy aceptable, que mueve a pensar que, si el petróleo baja al abrirse el estrecho de Ormuz, la inflación podría dejar de ser un problema. Sobre todo, en un entorno de desaceleración económica, como el anunciado la semana pasada por el Banco Mundial, que ha reducido la previsión de crecimiento global para este año al 2,5%, el nivel más bajo desde la pandemia. Especialmente preocupante es la débil previsión de crecimiento para Europa (0,8%), lo que hace aún más inexplicable la subida de tipos acordada por el BCE el pasado jueves, por mucho que Christine Lagarde haya presentado esa subida como una especie de remedio mágico para cualquier tipo de escenario posible. Habrá que esperar a ver si esos efectos tan benéficos de la subida de tipos se producen, o más bien sucede todo lo contrario.

Esta semana le toca el turno a la Fed, con Kevin Warsh estrenando su nuevo cargo. Como ya hemos dicho en comentarios anteriores, nuestra impresión de Kevin Warsh es muy positiva y ese es uno de los motivos de nuestro moderado optimismo de cara al verano. Se reúne también el Banco de Japón, donde tampoco son previsibles sorpresas negativas.

Esperaríamos una semana tranquila en las bolsas, bajo el influjo positivo de los “animal spirits”, que la macrosalida a bolsa de SpaceX ha despertado en los inversores.


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