Opinión 13 abril 2026

Siguen las buenas sensaciones en las bolsas, pero los inversores deberían preocuparse de otros temas aparte de Irán

Las buenas sensaciones de los mercados a las que nos referíamos en nuestro anterior comentario han tenido continuidad en la primera semana completa de abril, impulsadas por un nuevo giro de Trump, que en pocas horas pasó de anunciar un "infierno" en Irán a acordar una tregua y abrir negociaciones para intentar llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto.

El anuncio de las negociaciones provocó subidas espectaculares el miércoles en todas las bolsas, subidas que en el Nikkei, el Dax y el Eurostoxx fueron del 5% en la sesión, y en el S&P del 2,5%. En la semana, el Eurostoxx ha subido un 3,4%, lo que le permite salir de los números rojos y subir un 2,3% en el año, e igualmente en otros índices hemos visto subidas semanales importantes. En Europa, el Dax ha subido un 2,2% en la semana, aunque sigue bajando un 2,8% desde el uno de enero. El Cac sube un 3,5% en la semana y un 1,4% en el año, y nuestro Ibex sube un 3,5% en la semana y un 5,2% en el año. En Estados Unidos, el Dow Jones sube un 3% en la semana y se acerca ya a estar en positivo en el año (cae solo un -0,3%); el Nasdaq sube un 4,7% en la semana y cae ya solo un -1,5% en el año, acumulando una subida del 37% en los últimos doce meses, y el S&P sube un 3,5% en la semana y baja un -0,4% en el año, pero acumula un 27% de alzas en los últimos doce meses. El índice de pequeñas compañías Russell 2000 lo ha hecho aún mejor, ya que sube un 4% en la semana y un 6% desde el uno de enero, acumulando una ganancia del 41% en los últimos doce meses. Y la gran estrella es el Nikkei, cuyo rebote al alza la semana pasada fue del 7,1%, con lo que avanza ya un 13% en el año y un impresionante 69% en los últimos doce meses.

Como decíamos antes, esos impresionantes avances de las bolsas, que se suman a los de la semana pasada, han sido consecuencia directa de los mensajes de Trump y han permitido empezar a dar la vuelta a un mes de marzo muy negativo, en el que el índice global de las bolsas (MSCI World) cayó un 7,1%, siendo las más castigadas las bolsas asiáticas (Nikkei japonés -13,2% en el mes), seguidas de las europeas (Eurostoxx -9,3% en el mes y Dax -10,3%) y de las americanas, con caídas del entorno del 5%. A la vez, el efecto tranquilizador de esos mensajes ha llevado al petróleo por debajo de los cien dólares (tanto el Brent como el WTI cerraron ligeramente por encima de 95 dólares el viernes) y al índice Vix, el llamado índice del miedo, a caer por debajo de los 20 puntos (cerró el viernes en 19,23 puntos). Igualmente, el bitcoin se está manteniendo muy bien en el entorno de los 70.000 dólares, lo cual es otra muestra de tranquilidad y confianza de los inversores.

Parecería, por tanto, que las bolsas han querido hacer un suelo, aunque sea solo transitorio, en los niveles de 6.500 del S&P y que, si hay final feliz en Irán (Trump ha dicho que lo habrá, ya sea por las buenas o por las malas), podríamos volver a la ruptura de los máximos históricos de todos los tiempos, que tampoco están tan lejos. Y parecería que lo que las bolsas nos quieren decir es que, salvo la situación en Irán, todo lo demás está muy bien. Como venimos diciendo en estos comentarios semanales desde el inicio del año, nuestra visión no es exactamente esa.

Nuestra visión es positiva a largo plazo, con un ciclo alcista guiado por las dos grandes dinámicas de la hiperliquidez (dinero privado digital) y de la innovación disruptiva y acelerada basada en la IA. Por tanto, no compartimos ni hemos compartido en ningún momento el catastrofismo de algunos economistas y gestores, que ven un futuro distópico, pero en el corto plazo lo que tocaría es seguir corrigiendo los excesos generados tras tres años (2023, 2024 y 2025) de fuertes subidas en todos los mercados. Esa corrección ordenada, y seguramente bajo la forma de una larga consolidación lateral, debería continuar incluso en el escenario de un final feliz en Irán. Como decíamos la semana pasada, el proceso de corrección en las bolsas empezó a fin de octubre en las grandes tecnológicas, las MAG7, ha continuado en el primer trimestre de este año en otras empresas y en otros activos, y debería seguir su curso para garantizar el ciclo alcista del largo plazo.

Los datos económicos que vamos conociendo nos reafirman en esa idea, ya que apuntan a una economía con menor crecimiento. Hace unos días se publicó la tercera y definitiva cifra de crecimiento del PIB norteamericano en el cuarto trimestre de 2025. La economía estadounidense se expandió a una tasa anualizada del 0,5% en el cuarto trimestre de 2025, cifra revisada a la baja con respecto al 0,7% de la segunda estimación y al 1,4% de la primera lectura preliminar. Ese crecimiento no solo está por debajo de lo esperado, sino que además refleja una tendencia clara a la baja. Desde el 0,9% de crecimiento en el segundo trimestre y el 1,1% en el tercer trimestre se ha pasado a un 0,2% (anualizado 0,5%) en el cuarto trimestre. Es verdad que el cierre gubernamental largo que sufrió EE. UU. (shutdown) ha pasado factura al PIB, pero no es menos verdad que ha caído todo: la inversión, el consumo, las exportaciones, las importaciones, el empleo (180.000 empleos nuevos en 2025 frente a casi un millón y medio en 2024). Y, si lo miramos en términos anuales, en 2025 la economía estadounidense creció un 2,1% frente al 2,8% de 2024, al 2,9% de 2023 y al 2,5% de 2022.

Esa tendencia al menor crecimiento, que puede verse agravada si se complica el conflicto en Oriente Medio y la mayor inflación reduce la renta disponible real y deteriora las condiciones financieras, debería reflejarse en las valoraciones de los activos. De momento, la semana pasada hemos sabido que la inflación en EE. UU. en marzo fue del 3,3%, impactada por el precio de la energía (la subyacente se quedó en el 2,6%). Y también se publicó el Índice de Gasto en Consumo Personal (PCE deflator) de febrero, por tanto, antes del conflicto de Irán, que aumentó un 2,8% en el índice general y un 3% en el subyacente, excluyendo la volatilidad de los precios de los alimentos y la energía.

Más allá de lo que pase en Irán, donde nuestro escenario central sigue siendo el de una finalización del conflicto más pronto que tarde, los inversores tienen otros frentes de los que preocuparse; el principal, el del crecimiento, que es la clave de todo lo demás y que conecta con Irán, pero sobre todo conecta con la IA, con el nuevo modelo de globalización y con el cambio en la economía hacia una "economía de las experiencias".

Esta semana empieza la temporada de presentación de los resultados empresariales del primer trimestre, con los grandes bancos americanos como JP Morgan, Citi, Bank of America, Wells Fargo, Goldman Sachs o Morgan Stanley publicando sus cifras. También publican BlackRock, PepsiCo y Johnson & Johnson, entre otras muchas firmas.

La semana ha empezado mal, con la ruptura de las negociaciones entre EE. UU. e Irán, que ha hecho caer a los futuros del S&P en la madrugada del lunes al subir de nuevo el petróleo por encima de los cien dólares. En ese contexto, hacer pronósticos sin saber cuáles van a ser las nuevas "sorpresas" de Trump es correr el riesgo de equivocarse casi con seguridad; pero, si tuviésemos que apostar, apostaríamos por una semana más bien de corrección tranquila, con los inversores empezando a entender que hay dinámicas muy poderosas en la economía (hiperliquidez, IA) pero que, a la vez, estamos en pleno periodo de transición de un modelo a otro y toda transición genera volatilidad.


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