Opinión

Octubre remonta el 'muro' pero las preocupaciones siguen ahí

Juan Carlos Ureta - Presidente ejecutivo de Renta 4 Banco

Decíamos la semana pasada que tras unos malos comienzos de octubre, las Bolsas habían logrado superar el "muro de preocupación" ('wall of worry') que se levanta frente a los inversores cuando hay inquietudes flotando en el ambiente. La última semana de octubre ha sido una clara confirmación de esa remontada bursátil y ha puesto así un buen broche a un mes que no tiene buena fama, al haber tenido lugar en dicho mes algunos de los desplomes más conocidos de la historia de las Bolsas, como el de 1929 o el de 1987.

Es muy llamativo que un mes que empezó con grandes temores de que la inflación se disparase, con dudas crecientes sobre el crecimiento económico global, aumentadas por la situación del gigante inmobiliario chino Evergrande, y con unas críticas claras al modelo de sociedad digital post Covid, dominado por redes sociales cuyas prácticas están siendo cuestionadas, haya terminado con subidas mensuales del 7,2% en el Nasdaq, del 6,9% en el S&P, del 5,8% en el Dow Jones, del 5% en el Eurostoxx , del 4,7% en el CAC francés y el Mib italiano y de casi el 3% en nuestro Ibex.

Es también llamativo que frente a la cautela y aversión al riesgo que se respiraba a fines de septiembre, ahora, cuando empieza noviembre, se viva una euforia y un nuevo apetito por el riesgo, que ha llevado a dos claros indicadores de ese apetito por el riego como son Tesla y el bitcoin, a nuevos máximos históricos de todos los tiempos. Los dos iconos del mercado alcista post Covid, Tesla y el bitcoin, han tenido un gran octubre.

Tesla cerró el pasado viernes en su récord histórico de cotización tras subir más de un 20% en la semana, y se ha convertido en la primera automovilística que vale en Bolsa más de un billón de dólares, superando a Facebook (ahora llamada Meta) en capitalización bursátil. Por su parte, el bitcoin, tras superar los 67.000 dólares el miércoles 20 de octubre, se ha mantenido por encima de los 60.000 dólares y de nuevo son muchos los que piensan que veremos los 100.000 dólares antes de que termine el año.

La complacencia en los mercados es extrema, y de nuevo la semana pasada ha permitido superar cualquier noticia adversa. Tras el golpe que supuso saber que el PIB chino había crecido solo el 4,9% en el tercer trimestre, esta semana hemos sabido que el americano ha crecido solo el 2% frente a las estimaciones que apuntaba al 2,8%. Hemos sabido también que la inflación de la zona euro en octubre ha subido al 4,1%, la mayor en 13 años y ha habido algunas decepciones importantes en los resultados de grandes compañías como Apple y Amazon, bien es cierto que acompañados de otros resultados muy buenos como los de Microsoft y los de Google.

La sensación es que las buenas noticias se celebran, como es lógico, y las malas noticias también se celebran porque mueven a pensar que la Fed y el BCE no podrán endurecer sus políticas monetarias. Esa sensación de continuidad en las políticas monetarias ultraexpansivas, unida a la previsión de que los programas de gasto público también continuarán, es a nuestro juicio la auténtica clave que explica que las Bolsas superen todas las preocupaciones.

Por ello el viernes pasado, a pesar de que los datos de Apple y Amazon decepcionaron y provocaron caídas al inicio de la sesión, los tres grandes índices americanos remontaron, ayudados entre otras cosas por la aprobación del paquete de estímulos de Biden por 1,75 billones de dólares (menor de lo previsto, pero en todo caso muy grande) y cerraron un día más, y ya van muchos, en máximos históricos de todos los tiempos.

Ciertamente los resultados empresariales, que están siendo muy buenos y que en más de un 80% de los hasta ahora publicados superan estimaciones, ayudan muchísimo, pero en nuestra opinión, la auténtica gasolina que alimenta las subidas es el dinero barato, que se ha instalado ya como un elemento estructural y permanente, pase lo que pase con la inflación. Los mensajes del BCE tras su reunión del pasado jueves claramente apuntan en esa dirección, con su presidenta Christine Lagarde más "dovish" que nunca.

Si el gran dibujo es que la inflación no va a alterar la provisión continua de dinero barato ('easy money') y que el crecimiento de largo plazo está garantizado por el crecimiento de la población que se incorpora a la maquinaria del consumo, la conclusión es que hay que invertir en empresas, sobre todo en las ganadoras, en las que están sabiendo adaptarse, porque la renta variable en ese entorno es el único activo invertible.

Sin embargo, los problemas que inquietaban a principios de octubre no han desaparecido, siguen ahí. Todo indica que la inflación será duradera y el crecimiento mediocre, una vez se alcancen los niveles pre Covid. A nadie le importa por ahora, pero, insistimos, los problemas siguen ahí.

En 2020 tras un pésimo octubre vino un espectacular noviembre y al revés en 2018, cuando tras resistirse mucho las Bolsas a bajar vino un terremoto en diciembre que obligó a la Fed a cambiar su plan y a volver a la política de dinero barato.

Esta próxima semana se reúne la Fed y el viernes se publica el informe de empleo americano de octubre. Hay además resultados empresariales varios.

Tras un espectacular octubre, todo parece indicar que habrá un rally de fin de año, pero en un mundo en el que todo es posible tampoco hay que descartar nada. Apostaríamos por un inicio tranquilo de noviembre.


Juan Carlos Ureta Domingo
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