Opinión

Nvidia impulsa el 'superciclo' entre la realidad y la exageración. ¿S&P 6000?

Juan Carlos Ureta - Presidente ejecutivo de Renta 4 Banco

La tecnología ha vuelto a ser la protagonista en la primera semana de junio, una semana que no ha defraudado en absoluto las expectativas, aunque finalmente, como anticipábamos al terminar nuestro anterior comentario, no haya habido grandes movimientos en lo que a los índices se refiere, exceptuando la subida semanal del 2,7% del índice tecnológico Nasdaq. El resto de los índices han subido, pero ligeramente, el Eurostoxx un 1,3% en la semana, el Dow Jones un 0,7%, el S&P un 1,5% y el Nikkei un 0,5%.

Continúa así el mismo guion de las últimas semanas, y de nuevo ha sido Nvidia el valor que ha movido a las Bolsas, esta vez no por sus resultados empresariales sino por algo mucho menos importante como el ‘split’ de sus acciones dividiendo cada título en diez nuevas acciones. Aunque el mero hecho de transformar cada acción en diez no afecta en absoluto a los beneficios futuros ni a ninguno de los demás parámetros que inciden en el valor de la compañía y, por tanto, no debería afectar en absoluto a la cotización, el hecho de que el menor precio de cada acción haga más accesible su adquisición para los pequeños ahorradores, hace que la Bolsa reciba el ‘split’ con subidas. En concreto, Nvidia ha subido un 10,3% la semana pasada, alcanzando su cotización un nuevo máximo histórico de todos los tiempos el pasado jueves en 1.255 dólares por acción. La subida de Nvidia desde el uno de enero es ya del 144% y en los últimos doce meses del 222,5%.

Ese buen comportamiento de Nvidia no solo se ha extendido a los demás valores tecnológicos, con Taiwan Semiconductor (TSMC), entre otras compañías, batiendo también sus máximos históricos hace pocos días, sino que además ha llevado al S&P a un nuevo récord histórico de cierre en 5.365 puntos el pasado jueves y a un nuevo récord histórico intradía en 5.375 puntos el pasado viernes.

Las Bolsas están apostando así a un nuevo superciclo alcista, cuyo motor esencial sería la rápida extensión a todos los sectores de la inteligencia artificial generativa, con su consiguiente impacto en la productividad y en el crecimiento. Esa expectativa fascina a los inversores, que han pasado de celebrar el aterrizaje suave de la economía a celebrar un despegue rápido y bastante vertical de la actividad. El rally de “alivio” (‘relief rally’) del 2023 que se produjo al comprobar los inversores, con cierta sorpresa, que la subida de tipos del cero al cinco por ciento no se había traducido en una recesión global, se ha transformado en algo mucho más potente y con más recorrido, a saber, la expectativa de un ciclo alcista secular de la economía, movido por la revolución tecnológica y por la actuación de los Bancos Centrales, con la Fed a la cabeza. La idea de un S&P en 6.000 puntos empieza a parecer algo lógico, con el trasfondo de un horizonte económico positivo, despejado y sin nubes.

Como siempre que se plantean este tipo de escenarios conviene tener un poco de prudencia porque, aunque la idílica visión de los inversores pueda ser acertada a largo plazo, es muy dudoso que vayamos a llegar a esa economía perfecta sin sufrir por lo menos un poco. Es decir, sin pasar antes por una etapa de ajustes y transformaciones que pueden ser un tanto convulsas y provocar algunas turbulencias mayores en las Bolsas y en los mercados de bonos. Cuando vivimos situaciones tan complacientes como las actuales es bueno recordar que el economista Irving Fisher hablaba de una economía muy estable y positiva, un “plateau de estabilidad”, en 1929 pocas semanas antes del ‘crash’ de octubre de ese año. Y también que el presidente de Citigroup, Chuck Prince, decía en verano de 2008, poco antes de la quiebra de Lehman, que la música que sonaba era agradable y que mientras sonase había que levantarse y bailar (“while the music is on you have to get up and dance”).

La sesión de cierre semanal del pasado viernes nos vino a recordar que, efectivamente, a veces las cosas se pueden complicar. El informe de empleo americano de mayo no solo arrojó una creación de 272 mil puestos de trabajo frente a los 190 mil esperados por los analistas, sino que además mostró una subida de salarios por hora del 4,1%, por encima de la que lo que la Fed considera como conveniente en términos de control de la inflación. Los mercados de bonos reflejaron inmediatamente el impacto, como el tipo del T bond subiendo del 4,30% al 4,43% al que cerró, y los tres grandes índices, Dow Jones, S&P y Nasdaq, cerraron también con ligeros recortes pese a un intento de remontada tras el dato.

Pero además del informe de empleo, hay otras señales y reflexiones que mueven a la cautela. El mensaje de Christine Lagarde el pasado jueves, evitando comprometerse a una senda de recortes de tipos de interés tras haber decidido el BCE la primera rebaja del precio del dinero desde el año 2019 nos muestra la dificultad con la que se encuentran los Bancos Centrales. Por un lado, deben seguir prestando asistencia financiera a una economía que la necesita, por otro lado, la vuelta a los viejos tiempos del dinero gratis es imposible en el entorno actual de desglobalización.

Una segunda señal que nos ha dejado la semana es el impacto en las bolsas mexicana e india de las elecciones en ambos países. Un impacto que nos recuerda que estamos en un año superelectoral y que lo que pase en las distintas elecciones (no solo en las presidenciales americanas de noviembre) va a provocar movimientos en los mercados. Al final la Bolsa india se ha recompuesto tras la fuerte caída inicial, y la mexicana no tanto, pero lo relevante es que estamos en un mundo global y la inversión se mueve hacia las economías que saben inspirar confianza.     

Pero, en una semana en la que Nvidia ha sido de nuevo la protagonista, lo que debemos preguntarnos es si realmente la nueva revolución de la inteligencia artificial generativa tiene la fuerza suficiente como para impulsar un nuevo superciclo de crecimiento de la economía y si Nvidia y las compañías que giran a su alrededor pueden impulsar un nuevo superciclo alcista de las Bolsas, llevando al S&P a los 6.000 puntos. No nos sentimos capacitados para responder a esas preguntas, pero sí hay que recordar que otras experiencias de promesas tecnológicas que se suponía que iban a cambiar el mundo de forma inmediata, como las “puntocom” o los NFTs o el metaverso, han tenido finalmente impactos importantes, pero mucho más graduales que los anunciados.

Lo mismo pasa con Nvidia. No cabe duda de que es una empresa extraordinaria, pero conviene recordar que sus competidores también se moverán, como Intel, que hace pocos días anunciaba nuevos modelos de chips. El podio de las empresas candidatas a cambiar el mundo es cambiante, como lo han podido comprobar Tesla o Meta, por citar dos casos recientes. Tal vez no sea cierto que, como decía Peter Thiel, “competir es de perdedores” pero es muy cierto que la competencia crea continuamente perdedores y ganadores que van cambiando.

Y tal vez en la subida actual de Nvidia (que como los indicadores técnicos indican es una de las empresas más sobrevaloradas de la Bolsa americana) haya un poco de exageración, de “movimiento de masas”. Precisamente la semana pasada hemos asistido, atónitos, al lamentable espectáculo del “influencer” que se hace llamar “roaring kitty”, que el pasado lunes hacía subir las acciones de Gamestop un 40% y el viernes, en una intervención delirante, provocaba un desplome de un 39% en el mismo valor. Por medio, Gamestop había publicado sus cuentas del primer trimestre, con pérdidas de 32 millones de dólares y una caída de sus ventas cercana al 30%. Obviamente Nvidia no tiene nada que ver con el fenómeno “circense” de Gamestop pero las exageraciones y los fenómenos especulativos son mucho más potentes en el actual mundo masivo de las redes sociales y a nuestro juicio hay pocas dudas de que la subida de Nvidia se autoalimenta a sí misma, al margen de los fundamentales.

Esta semana los platos fuertes son la inflación americana de mayo y la reunión de la Fed, ambas el miércoles. El mercado descuenta que habrá una bajada de tipos en septiembre y probablemente otra en diciembre, pero habrá que escuchar a la Fed el miércoles. En cuanto a la inflación, se espera que se quede en el 3,4% tanto la general como al subyacente. Otros eventos importantes son la conferencia de desarrolladores de Apple que empieza el lunes en Cupertino y el índice preliminar de confianza del consumidor americano de junio de la Universidad de Michigan.

 

Juan Carlos Ureta Domingo
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