Opinión 23 marzo 2026

Las bolsas traspasan niveles sensibles y hacen una lectura inquietante de la guerra




De los numerosos banqueros centrales que han tenido que pronunciarse esta última semana sobre los efectos de la guerra de Irán tras las respectivas reuniones de sus consejos, tal vez el único que fue sincero a la hora de emitir su pensamiento fue Jerome Powell, cuando afirmó que, en realidad, “nadie sabe nada” (nobody knows) sobre los efectos de esta guerra en la economía, ni tampoco sobre hasta dónde subirá finalmente el petróleo. Tal vez su sinceridad tenga que ver con el hecho de que pronto terminará su mandato y pasará a ser expresidente de la Fed, pero probablemente todos los demás banqueros centrales, los presidentes del BCE, del Banco de Inglaterra, del Banco de Japón, del Riksbank sueco, del Banco de Suiza y del Banco de Australia piensan en el fondo lo mismo, aunque no se atrevan a reconocerlo. Y por eso todos ellos prefirieron no tocar los tipos de interés la semana pasada, salvo el de Australia, que los subió 25 puntos básicos.

La opinión dominante en los mercados, sin embargo, parece tenerlo bastante más claro y ciertamente no es demasiado positiva. Según esa opinión, Irán estaría ganando esta guerra y Estados Unidos la estaría perdiendo. Trump habría iniciado esta guerra sin haber medido bien las consecuencias, por puro seguidismo de Israel, convencido de que la caída del régimen de los ayatolás iba a ser tan fácil como lo fue la captura de Maduro, y en contra de la opinión de su Estado Mayor militar. Esa decisión irreflexiva podría conducir, según la opinión más extendida, a Estados Unidos a un desastre que algunos incluso equiparan al sufrido hace algunas décadas en Vietnam. Un desastre cuyas víctimas colaterales serían, en este caso, Europa y Ucrania, siendo ganadoras Rusia y, a largo plazo, China.

Una lectura superficial de lo sucedido en los mercados desde que empezó la guerra podría dar la impresión de que esta tesis es correcta. El último mes el Eurostoxx, el Dax alemán y el Cac francés caen más de un 10%, y el Mib italiano y nuestro, hasta hace poco invencible, Ibex caen un 8%. Por su lado, el Dow Jones cae también más de un 8% el último mes, y el S&P y el Nasdaq caen más de un 5%. Si miramos en particular esta última semana, vemos que el S&P ha perdido un 1,9%, el Nasdaq un 2,07%, el Dow Jones un 2,1%, el Russell 2000 un 1,7%, el Eurostoxx un 3,8%, el Dax un 4,5%, el Cac un 3,1%, el Ibex un 2% y el Nikkei un 0,8%.

Vemos, por tanto, caídas generalizadas en las bolsas, que incluso se han ido agravando a medida que el conflicto ha entrado en su tercera semana sin que el régimen iraní dé muestras de debilidad. Sin embargo, hay datos que podrían moderar esa visión pesimista. El VIX no solo se ha mantenido, sino que ha bajado ligeramente en la semana y está en 26,78 puntos, sin llegar ni siquiera a 30. El dólar también se mantiene, y lo mismo el bitcoin, mientras que el oro, que sería un activo refugio en caso de grave turbulencia, ha bajado casi un 10% en la semana, lo que indicaría que no hay miedo a la inflación ni tampoco a un evento catastrófico. Y volviendo a las bolsas, las caídas son de un 10% o menos, caídas que, en algunos casos, como el de algunas bolsas europeas o el Nasdaq o el Russell 2000, hacen entrar a los índices en territorio técnico de corrección (caída de más del 10%), pero todavía queda muy lejos del 20% de descenso que llevaría a entrar técnicamente en “mercado bajista” (bear market).

Si de las bolsas pasamos a los mercados de bonos, ciertamente hemos visto subidas no pequeñas en los tipos de interés, tanto en los plazos cortos como en los largos. El bono del Tesoro alemán a diez años (bund) ha sobrepasado el 3% por primera vez en quince años. Hay que remontarse a abril de 2011, antes de la crisis del euro, para ver un tipo del 3% en el bund. El bono del Tesoro americano a diez años (T bond) también ha visto cómo su tipo de interés ha subido a lo largo de las últimas semanas de niveles del 4,20% al 4,38%. Pero en este caso no hay que remontarse tan atrás para ver tipos de interés iguales a los actuales o superiores. Sin ir más lejos, a finales de 2024 el T bond pagaba un tipo de interés cercano al 4,6%. En definitiva, aunque los tipos de interés de largo plazo han subido tras el ataque a Irán, no podemos decir que esa subida haya sido muy significativa.

Quedaría por ver si realmente la Fed y los restantes bancos centrales van o no a subir los tipos para contrarrestar una subida de la inflación provocada por la escalada del precio del petróleo. Desde esta perspectiva, es interesante ver cómo los bancos centrales reunidos esta última semana han respondido a las posibles derivadas de la guerra. La Fed dejó claro que le preocupa el crecimiento más que la inflación. Su idea, tal vez influenciada por su doble mandato de controlar los precios pero también prestar atención al empleo, es que el efecto de la subida del petróleo sobre los precios puede ser pasajero, pero que lo preocupante de verdad es el peaje que puede tener un petróleo caro sobre el consumo, sobre el empleo y sobre el crecimiento económico. Sin embargo, el BCE, cuyo único mandato es la estabilidad de precios, mostró mayor propensión a subir los tipos si la inflación se disparase, aunque todo dentro de ese lenguaje tan deliberadamente ambiguo e impreciso que manejan los bancos centrales.

En lo que a las bolsas se refiere, tras las caídas de esta semana los índices se han situado en un punto bastante crítico. El S&P ha roto a la baja la media móvil de las últimas 200 sesiones, que está en torno a los 6.620 puntos, una media que es la más seguida en los comentarios mediáticos, aunque algunos analistas técnicos prefieren seguir la media móvil de 52 semanas, que estaría más abajo, en torno a 6.450 puntos. Si de verdad se rompen los 6.500 puntos del S&P, el siguiente soporte estaría, según los analistas técnicos, en los 6.000/6.100 puntos. Aun así, los objetivos de los principales bancos de inversión para fin de año estarían por encima de los 7.000 puntos. Hace unos días Dubravko Lakos-Bujas, jefe de estrategia global de JP Morgan, rebajó su objetivo a fin de año para el S&P desde los 7.500 puntos que tenía a principios de año a 7.200 puntos. Bank of America es todavía más conservador y su nivel objetivo para el S&P a fin de año es de 7.100 puntos, pero los demás bancos dan niveles, en general, superiores a 7.500 puntos. Es decir, los objetivos de fin de año se mantienen por encima de los 7.000 puntos, incluidos los más conservadores.

Si miramos más allá de la guerra seguramente hay motivos para ser optimista como, por ejemplo, la previsión de ingresos que hizo el fundador de Nvidia, Jensen Huang, en la conferencia GTC 26, en San José (Estados Unidos), donde anunció que Nvidia está en disposición de alcanzar un volumen de negocio de un billón de dólares (el trillón americano) gracias a la demanda de chips para 2027. Pero ahora todas las miradas se concentran en la guerra y en cuánto va a durar o cómo va a acabar y, como decíamos al principio, la opinión dominante no es muy positiva, ya que da como perdedor a Estados Unidos y como víctima colateral a Europa.

Un escenario no muy positivo para las bolsas, salvo que pensemos, como dice Jerome Powell, que realmente nadie sabe nada (nobody knows) y que aventurar que el régimen de los ayatolás va a ser capaz de doblegar a dos maquinarias militares y de inteligencia tan formidables como las de Israel y Estados Unidos es tal vez un poco atrevido.




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