Opinión 24 noviembre 2025

Las Bolsas se instalan en la bipolaridad a la espera del 'Thanksgiving' y de la Fed



El recientemente fallecido Robert Redford decía que en Hollywood primero te tratan como un objeto, luego te comportas como un objeto y finalmente acabas siendo un objeto. Aplicándolo al tema de moda en las Bolsas, la presunta burbuja de la inteligencia artificial (IA), podríamos decir que si grandes gurús de las finanzas como Michael Burry o, hace pocos días, Ray Dalio, entre otros muchos, consideran que hay burbuja y si los inversores, en general, empiezan a comportarse como si la hubiera, no sería del todo descartable que, la haya o no, al final acabe habiendo un pinchazo desordenado de esa presunta burbuja, con el consiguiente desplome de las Bolsas en general.

Esa amenaza de desplome ha sobrevolado las Bolsas estas últimas semanas, y tuvo un momento muy particular a media tarde del pasado jueves, cuando en pocos minutos las principales tecnológicas y los índices norteamericanos pasaron de celebrar con subidas los buenos resultados de Nvidia a caer con fuerza, sin que hubiese ninguna noticia o acontecimiento concreto que explicase el cambio repentino de sentimiento. Dos trillones (millones de millones) de dólares de capitalización bursátil (“market cap”) se perdieron en menos de una hora, como decimos, sin causa aparente.

La única noticia previa al desplome fue la publicación del informe de empleo de septiembre, con una creación de 119.000 puestos de trabajo, un buen dato que no esperaban los mercados, a la vez que se anunció que los informes de empleo de octubre y noviembre no se harán públicos hasta el 16 de diciembre, seis días más tarde de que la Fed deba tomar la decisión de bajar o no los tipos de interés. Una posible interpretación del súbito cambio de sentimiento del pasado jueves es que los inversores piensen que la Fed, ante un buen dato de empleo en septiembre y en ausencia de nuevos informes, tienda a no bajar los tipos, sobre todo después de la publicación del miércoles de las actas de la última reunión, que muestran un tono más bien duro respecto a las bajadas de tipos, en un clima de división interna en el Consejo de la Fed. La posibilidad de que la Fed adopte un discurso “duro” el 10 de diciembre, unido al ruido de fondo de burbuja, sería lo que habría inquietado a los inversores, al recordarles situaciones como la de diciembre de 2018, cuando el S&P se desplomó tras un mensaje duro de la Fed que no gustó nada a los mercados.

Las Bolsas se volvieron a reanimar el viernes, tras unas declaraciones del presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, diciendo que la Fed podría bajar los tipos el 10 de diciembre, dada la situación del mercado laboral. Finalizaba así una semana llena de cambios bruscos en los estados de ánimo de los inversores, que se han instalado en una especie de “bipolaridad”, pasando de un extremo a otro, es decir, de buscar la puerta de salida a toda velocidad porque “la burbuja está explotando” a dar marcha atrás y rotar de nuevo a toda prisa hacia las empresas de la IA, porque la IA es “the next big thing”.

Al final, el S&P ha caído un 2% en la semana, el Dow Jones un 1,9% y el Nasdaq un 2,7%, y en lo que va de noviembre pierden respectivamente el 2% el 1% y el 2,9%, unas caídas que podemos considerar moderadas si tenemos en cuenta que la atmósfera y el ambiente de “burbuja” invitaban a pensar más bien en un “crash” en toda regla. En Europa, las caídas han sido algo mayores, con el Eurostoxx recortando un 3,1% en la semana, el Dax y el Ibex un 3,2% y el Cac francés un 2,3%. Por su lado, el Nikkei ha caído un 3,5% en la semana.

Sin duda, las cuentas de Nvidia, que eran el anuncio estrella de la semana, y los mensajes de su presidente Jensen Huang al presentarlas, han tenido mucho que ver con la moderación de las caídas. Los números fueron magníficos, con una subida del 65% del beneficio y con un pletórico Jensen Huang anunciando un fuerte crecimiento de las ventas futuras, y negando que haya burbuja en la IA. Huang afirmó, además, que los chips Blackwell de Nvidia están diez años por delante de los de cualquier otro competidor.

Esos números y esas palabras de Huang nos reafirman en la idea que hemos expuesto en los últimos comentarios de que puede haber burbuja en algunas compañías concretas del sector de la IA, pero no hay una burbuja generalizada. Idea a la que añadimos otra, la de que precisamente la corrección bursátil de las últimas semanas es el mejor remedio frente a la posible burbuja. El hecho de que el mercado haya tomado buena nota de las advertencias de Michael Burry y otros grandes inversores, y haya empezado a corregir los excesos, de forma acelerada en algunos casos, como el de Palantir, que se deja ya un 25% desde sus máximos del 3 de noviembre pasado, es la mejor garantía para que no se forme de verdad una burbuja general en la IA. Dicho de otra forma, el que se hable tanto de la “burbuja de la IA” y que el índice de miedo y codicia (“Fear & Greed”) de la CNN esté en territorio de “miedo extremo” son probablemente los mejores antídotos frente a la burbuja.

En conexión con lo anterior, la semana pasada nos deja también otras lecturas extremadamente interesantes. Empezando por las grandes tecnológicas, hemos visto cómo la diversidad de situaciones se traduce en compartimentos bursátiles también diferentes. Oracle y Palantir han caído la semana pasada en torno a un 11%, siendo las peores entre las grandes tecnológicas, lo cual es en cierto modo lógico, ya que, como decíamos la semana pasada, son dos compañías que concentran las miradas críticas, Oracle por su elevada deuda y Palantir por su elevado PER, que ha llegado a estar por encima de 400 veces beneficios. En el extremo opuesto, el valor estrella dentro de las tecnológicas ha sido Alphabet que, tras la compra por Warren Buffett de un buen paquete de acciones, ha subido un 8,4% en la semana y acumula ya un 58,3% de subida desde el uno de enero. Su PER está en 29 veces beneficios después de la subida, un multiplicador alto, pero no de burbuja. En medio de ambos extremos, Microsoft cayendo un 7,5% en la semana, o Amazon perdiendo un 6% y comiéndose prácticamente su ganancia desde el uno de enero, que se limita ya solo al 0,6%, o Meta cayendo un 2,5% en la semana y reduciendo también su subida anual a tan solo al 1,5% tras perder un 25% desde sus máximos de agosto. Y casi plana Apple, que ha bajado solo un 0,3% en la semana y mantiene una subida en el año del 8,4%.

Esa diversidad de comportamientos bursátiles también se produce en otros sectores, como el de las grandes cadenas de consumo minorista norteamericanas, que la semana pasada presentaban resultados. Walmart, sin duda la más importante, ha subido un 2,8% en la semana y acumula un alza del 16,5% en el año. También ha subido un 2,8% en la semana Lowe’s, pero en el año cae un 5%. Por el contrario, los números de Home Depot no gustaron y su cotización perdió un 5,2% en la semana (-11,7% en el año) y tampoco han gustado los de Target, que ha caído un 2,5% y en el año se deja un 35%.

Vemos, por tanto, cómo los inversores analizan las situaciones y discriminan, y ese comportamiento inversor es también un antídoto frente a la posibilidad de una burbuja generalizada.

Pero sin duda lo que sí hay, como telón de fondo, es la sensación de inquietud, y esa inquietud se nota especialmente en el bitcoin, que es un claro indicador del apetito o aversión al riesgo de los inversores. Tras el “crash” del pasado 10 de octubre, que dejó tocados a los creadores de mercado de las criptomonedas, el bitcoin ha entrado en una larga caída que le ha llevado desde los 127.000 dólares del pasado 6 de octubre hasta los niveles cercanos a 80.000 dólares a los que llegó el viernes. A partir de ahí, ha rebotado hasta los 87.000 dólares que ha marcado durante el fin de semana, lo cual daría en principio cierto soporte al rebote bursátil del viernes y a un posible rally de fin de año.

A falta de una semana para finalizar noviembre, un mes que suele ser bueno para las Bolsas pero que esta vez partía de seis meses consecutivos de alzas, no puede descartarse que termine en positivo, pero en todo caso nos deja una lectura clara, y es que la fase de extrema complacencia de los mercados y de apetito ilimitado de los inversores por el riesgo ha terminado, al menos por el momento. Eso no quiere decir que estemos abocados a un crash o que debamos descartar un posible rally de Navidad. Quiere decir, simplemente, que los mercados están descansando y corrigiendo excesos. Esa digestión de los excesos podría continuar hasta fin de año, pero también podríamos asistir a un rally de Navidad, e incluso a un buen inicio de 2026, para luego continuar en algún momento del próximo año la corrección de los excesos.

A corto, la festividad de Acción de Gracias (Thanksgiving) suele marcar el inicio del rally navideño y, además, este año hay otros dos factores que hacen importante la fecha. Uno es el que el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, ha señalado esa fecha como la del posible acuerdo comercial con China. El otro es que Trump ha puesto ese límite a Ucrania para que acepte su plan de paz. 

A falta de noticias y de resultados empresariales relevantes, esperaríamos una cierta calma en las Bolsas, que seguirán movidas por las especulaciones sobre el recorte de tipos de la Fed y por los comentarios sobre la burbuja o no burbuja en la inteligencia artificial.


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