Opinión 20 marzo 2026

La profecía cumplida de Lagarde

Christine Lagarde dio una conferencia en abril de 2023 en Nueva York que ha sido totalmente profética. El contenido de la conferencia fue más propio de un líder político global que del principal representante de un banco central como el BCE. Realizó un análisis de las tendencias geopolíticas y geoeconómicas a futuro, más que un análisis de política monetaria.

La conferencia se produjo apenas un año después de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Tanto en aquel momento como ahora, se consideraba a Rusia como la principal amenaza para la UE. Aun así, su análisis casi ni menciona a Rusia, sino que se centra en la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.

Mencionaba la fragmentación de la economía global en dos bloques competidores liderados por Estados Unidos y China. Ambas potencias tienen principios y valores muy distintos, así como intereses estratégicos dispares. Tanto Estados Unidos como China intentan atraer hacia su bloque al resto de los países del mundo, uno a uno.

Curiosamente, la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS) de Estados Unidos también plantea como principal adversario a China. Uno de los objetivos declarados de la NSS es separar lo máximo posible al mayor número de países de China, especialmente a sus aliados históricos y a los países americanos.

Lagarde ya daba por agotado el periodo de máxima globalización, en el que las cadenas de valor están totalmente integradas a escala global, y China aportaba una creciente fuerza laboral global que ayudaba a mantener la inflación estable y baja durante largo tiempo. En dicho periodo, la elasticidad de la oferta global era total, acoplándose a la evolución de la demanda.

Ya anticipaba hace tres años que dicho periodo de estabilidad se estaba transformando en un periodo de inestabilidad duradera, donde podríamos enfrentarnos a shocks de oferta repetidos, como está sucediendo actualmente con la reducción de gas, petróleo y derivados por la guerra en Irán.

Para Estados Unidos y para Europa, la dependencia de China en minerales críticos y tierras raras es un gran inconveniente: EE. UU. depende completamente de la importación de catorce minerales críticos y la dependencia europea del suministro de tierras raras es del 98%. La interrupción, aunque sea temporal, de estos suministros puede afectar sensiblemente a sectores clave de la economía, como el sector de automoción o los materiales relacionados con la transición energética, como el fotovoltaico o las baterías.

Lagarde recordaba que históricamente los riesgos geopolíticos han provocado mayor inflación, menor actividad económica y una reducción del comercio internacional.

Adicionalmente, según avance la fragmentación del mundo en esos dos bloques, la dominancia internacional del dólar estadounidense, y en menor medida del euro, no puede darse por sentada de forma permanente.

En este escenario que planteaba Lagarde, y que se está comprobando acertado, las políticas de los bancos centrales necesariamente tienen que cambiar.

En la antigua coyuntura de globalización garantizada, los bancos centrales solo se tenían que fijar en la evolución de la demanda para controlar la inflación. No se planteaba la posibilidad de interrupciones en la oferta de productos.

En el nuevo escenario la situación ha cambiado. La inflación puede subir, como lo hará en los próximos meses, por problemas en la oferta, como ocurre ahora con las fuentes de energía fósil y sus derivados. En este entorno, la política monetaria debe estar coordinada con la política fiscal de los Estados para intentar facilitar la reposición de capacidad de oferta y fortalecer las cadenas de suministro.

Releyendo las palabras de Lagarde de hace tres años hay que reconocer que su visión geopolítica y geoeconómica fue muy acertada. Aunque solo estamos al inicio de este nuevo periodo, lo que es seguro es que el periodo anterior basado en la máxima globalización, donde primaba el “just in time”, ya no existe. Le ha sustituido el periodo donde prima el “just in case”. Se pasa de maximizar la rentabilidad minimizando los inventarios a primar la seguridad frente a la rentabilidad.



Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, Consejero-Director General de Renta 4 Banco, en El Economista.



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