Opinión 31 agosto 2026

La innovación financiera y sus implicaciones: ¿una revolución paralela o una burbuja circular?

El encuentro de banqueros centrales promovido por la Fed, que cada año tiene lugar en Jackson Hole a finales de agosto, ha girado este año en torno a la temática “la innovación financiera y sus implicaciones para los pagos y las políticas públicas”. Es difícil encontrar una temática más apropiada para finalizar un mes de agosto que nos deja, como lectura de fondo, la sensación de que estamos asistiendo, casi sin darnos cuenta, a una auténtica revolución financiera, a una innovación financiera profunda, paralela a la revolución tecnológica de la inteligencia artificial y, en cierto modo, conectada con ella. Una innovación financiera sin la que, simplemente, no sería posible el “sueño” de una economía global completamente inmersa en la IA y dispuesta, con Elon Musk a la cabeza, a la conquista y colonización del espacio exterior.

Esas sensaciones han flotado en el ambiente a lo largo del mes y se han confirmado estos últimos días en torno a los dos momentos “estelares” de la semana: por un lado, la esperada presentación de resultados de Nvidia, la compañía más valiosa del mundo, y, por otro, la no menos esperada intervención del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, en el simposio de Jackson Hole. Estos dos momentos “estelares” no han defraudado las expectativas, sino todo lo contrario, porque tanto los mensajes de Nvidia transmitidos por Jensen Huang, su cofundador y “alma mater”, y por su directora financiera (CFO), Colette Kress, durante la presentación de resultados como los mensajes de Kevin Warsh en su discurso de Jackson Hole encierran claves importantes, a nuestro juicio, para entender lo que está pasando en los mercados financieros y, sobre todo, lo que va a seguir pasando.

Empecemos por Nvidia: lo relevante no es que sus cifras sean espectaculares en todos los sentidos (que, sin duda, lo son). Lo relevante tampoco es el hecho de que Nvidia haya dejado de ser una compañía que vende solo procesadores gráficos para convertirse en el proveedor de referencia de toda la infraestructura de la inteligencia artificial y erigirse en el estándar tecnológico de Microsoft, Amazon, Google, Meta, Oracle y otras grandes compañías tecnológicas, así como del sector en general. Lo relevante de verdad (y lo que conecta con esa innovación financiera profunda de la que hablábamos) es el compromiso explícito de Nvidia de seguir financiando a sus clientes y proveedores y su voluntad firme de hacerlo tan ampliamente como sea necesario, con el objetivo último de que se implemente en toda su extensión la infraestructura de la IA («Nvidia can keep printing money to fund the AI boom»). Ese compromiso es relevante precisamente porque, como muestran las cifras de ingresos, beneficios y flujo de caja que la compañía presentó el pasado miércoles, Nvidia tiene capacidad financiera de sobra para cumplirlo.

Nvidia ha pasado de ser el proveedor de referencia de infraestructura para la IA, de vender los “picos y palas” (picks and shovels) necesarios para hacerla posible, a ser el financiador de referencia de la IA y, para ello, va a seguir poniendo su inmenso flujo de caja a disposición de las empresas del sector, porque cree que es el mejor destino para su dinero. Pero no solo pone en juego su dinero, sino también su garantía para movilizar a la industria financiera en su conjunto, como demuestra la reciente iniciativa “AI Compute Infrastructure Financing Platforms”, liderada por Nvidia y secundada por Apollo, BlackRock, KKR, Blackstone, Brookfield y Goldman Sachs, cuyo propósito es crear plataformas de financiación para la inteligencia artificial y convertir el conjunto de estas infraestructuras en un activo financiable que no formará parte del balance de Nvidia, pero sí contará indirectamente con su respaldo industrial. La frase fundamental de Jensen Huang es “In AI, compute is revenue”, o dicho de otra forma, las GPU, los servidores, las redes, el software y los centros de datos que vende Nvidia pasan a constituir una nueva clase de activo financiero, cuya financiación es conceptualmente comparable a la de aviones, centrales eléctricas, telecomunicaciones u otras infraestructuras. Nvidia pasa así, en una evolución muy interesante de su modelo de negocio, de ser un fabricante extraordinariamente rentable de “chips” a ser el arquitecto financiero e industrial de la infraestructura global de IA y hace de la IA, como decíamos, el activo financiable por excelencia.

Esta posición tan transformadora de Nvidia, junto a otras muchas iniciativas innovadoras, como la estructura creada por Meta para financiar su proyecto Hyperion, a la que aludíamos en nuestro anterior comentario, es lo que nos lleva a hablar de una auténtica revolución en el ecosistema de financiación, una revolución muy ligada a la revolución de la IA y, en cierto modo, interconectada con ella. Y es lo que nos lleva, como decíamos la semana pasada, a la idea de unos mercados financieros cuyos límites y capacidades de financiación a la economía se han expandido extraordinariamente porque han entrado en una dimensión “cuasicuántica”, en la que los recursos se movilizan y tienen la capacidad de financiar varias cosas a la vez, de forma circular. Lo que algunos podrían considerar una burbuja circular es, o al menos así parece pensarlo Nvidia, una potenciación exponencial de la capacidad financiera, llevando al límite la innovación.

El discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole, del que la mayor parte del mercado se ha quedado solo con su mensaje “duro” contra la inflación, también tiene algunas alusiones que conectan, sutilmente, con la innovación tan disruptiva y revolucionaria que está viviendo, sin que apenas lo percibamos, el ecosistema de financiación de la economía. Al iniciar su discurso, Kevin Warsh recordó cómo el debate económico vivía, no hace mucho tiempo, dominado y, en cierto modo, angustiado por el llamado “estancamiento secular” (secular stagnation): una economía condenada, según decían algunos expertos, a un decrecimiento secular, perpetuo. Warsh vino a contrastar esa idea del estancamiento secular con la actual sensación de que podemos estar a las puertas de un fuerte crecimiento gracias a la revolución de la IA, por lo que la preocupación es ahora la inflación. De alguna manera, Warsh está tal vez insinuando que la impresionante capacidad financiera que están demostrando los mercados para dotar a la innovación de cuantos recursos necesite ha sacado al mundo del sombrío escenario del estancamiento secular para situarlo en un nuevo escenario de crecimiento donde el crecimiento no está en la lista de preocupaciones.

Hay un último tema interesante que nos deja agosto y que hemos visto también esta última semana, y es cómo los mercados financieros están siendo capaces de ir corrigiendo de forma sucesiva y relativamente ordenada los excesos y exageraciones que acompañan a todas las etapas de innovación radical, como la que actualmente vivimos. Un ejemplo muy claro es lo que ha sucedido tras la presentación de resultados de Marvell y de Salesforce la semana pasada. Ambas compañías han presentado magníficos resultados y previsiones también excelentes, pero Marvell ha caído un 8,6% en la semana, mientras que Salesforce ha subido un 22,4% en la semana. La pregunta es: ¿por qué? Y la explicación es doble. 

Por un lado, el mercado había descontado un escenario perfecto en el caso de Marvell, y más aún tras su acuerdo con Google para suministrarle chips a medida a largo plazo. Hay que recordar que Jensen Huang llegó a decir el pasado 2 de junio, en la conferencia Computex de Taipéi, que sería la siguiente compañía en valer un trillón americano (un billón) de dólares. La cotización ya había reflejado con la subida de los meses previos (desde el 1 de enero, Marvell acumula una subida del 155%) ese escenario óptimo y por eso bajó tras los resultados. En el caso de Salesforce pasa lo contrario: antes de la subida de estos días, la acción perdía más de un 20% desde el inicio del año. De hecho, pese a la fuerte subida de la semana pasada, las acciones de Salesforce siguen en rojo en el año, aunque ya solo caen un 0,1%.

Al mismo tiempo, el mercado viene mostrando una gran sabiduría y flexibilidad para ir ajustando continuamente su visión, huyendo de visiones radicales y dogmáticas. Hace unos meses se pensaba que la IA podía acabar con las compañías de software como Salesforce; ahora el mercado piensa justo lo contrario y ve a Salesforce como una posible ganadora de la IA porque sus datos pueden ser muy valiosos combinados con la IA. De hecho, Salesforce ha demostrado que la inteligencia artificial le está añadiendo demanda en lugar de restársela. Las bolsas, los inversores, los mercados muestran una gran capacidad y flexibilidad para ir autocorrigiéndose, y esa autocorrección es la mejor defensa frente a un posible crash.

En definitiva, al final de agosto, a falta de una sesión, el Nasdaq ha subido un 5,1%; el S&P, un 3,6%; el Dow Jones, un 2,6%; el Eurostoxx, un 3,2%; el DAX, un 4,3%, y el Nikkei, un 3,1%. Esas subidas nos reafirman en las ideas de fondo que hemos venido comentando a lo largo del mes y, sobre todo, en la idea de que el sistema financiero está experimentando una profunda transformación, muy positiva a la hora de proveer de recursos a la economía.

Sobre esa base y con el informe de empleo estadounidense de agosto, que se publica el viernes, como dato económico principal, esperaríamos un inicio de septiembre más bien tranquilo.

  


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