Opinión

La Fed y el Banco de Inglaterra satisfacen plenamente a los mercados

Juan Carlos Ureta - Presidente ejecutivo de Renta 4 Banco

Noviembre ha empezado de la misma forma que terminó octubre, es decir, con un tono extremadamente complaciente de los inversores, cuyo apetito por el riesgo parece no tener límite. El resultado es que el S&P y el Nasdaq han marcado cinco sucesivos récords históricos en cada una de las cinco primeras sesiones de noviembre, con lo que el S&P acumula ya siete máximos históricos consecutivos. Algo realmente extraordinario en sí mismo, pero más aún si pensamos que esa euforia alcista se produce después de que las Bolsas americanas lleven un año y medio subiendo sin apenas descanso.

Hace ahora un año, en noviembre de 2020, se aprobaban las primeras vacunas, y las subidas de las Bolsas, que hasta ese momento se habían limitado sobre todo a las acciones tecnológicas, se extendieron a todos los sectores y a prácticamente todas las Bolsas, dando lugar a un fin de año bursátil realmente espectacular. Además, como decíamos, las subidas fueron generalizadas para todas las Bolsas, incluidas las asiáticas.

Aunque la reapertura de las economías no ha sido tan lineal como se esperaba, y de hecho en la primera parte de 2021 el mundo ha sufrido aun confinamientos y restricciones a la movilidad, la realidad es que en general las vacunaciones han funcionado bien y la sensación más extendida es que hemos dejado atrás a la pandemia y estamos ya en el mundo post Covid. El anuncio el pasado viernes por Pfizer de un fármaco antiviral con eficacia cercana al 90% ha confirmado aún más esa sensación, disparando a la vez la cotización de Pfizer y ayudando a que el viernes de nuevo Wall Street batiese nuevos récords.

Lo que sucede es que en el mundo post Covid los problemas son distintos a los de la pandemia, como es lógico. El problema que asoma con mayor fuerza, por el momento, es la inflación. Esta semana vamos a conocer en EE.UU. los índices de precios de producción (PPI) y de consumo (CPI) de octubre y algunas estimaciones apuntan a que la inflación podría situarse ya en el 5,9%, la mayor desde 1990, alcanzando la subyacente el 4,3%. Sin embargo, tras una pequeña inquietud inicial, los mercados no se han visto muy perturbados por este rebrote de la inflación, al haber dejado bastante claro la Fed y el BCE que no van a subir los tipos de interés. El presidente de la Fed, Jerome Powell, fue muy claro a este respecto el pasado miércoles, tras la reunión de la Fed en la que se anunció el inicio de la retirada gradual de las compras de bonos.

Los inversores están convencidos de que la subida de tipos, si es que llega algún día, va para largo, y en este sentido la reacción de los mercados de bonos y de las Bolsas a las palabras de Powell el pasado miércoles es bastante elocuente. Reacción que fue incluso mayor tras la inesperada decisión del Banco de Inglaterra el jueves, cuando contra todo pronóstico mantuvo intactos los tipos de interés. Tanto la Fed como el BCE y el propio Banco de Inglaterra se aferran a la idea de que el repunte de precios va a ser transitorio ya que los problemas de suministro globales se van a resolver. Lo que los inversores probablemente leen es que no habrá subida de tipos pase lo que pase con la inflación, y seguramente están en lo cierto, porque, como ya hemos dicho en varias ocasiones, subir tipos en un mundo híper endeudado es misión casi imposible a menos que estemos dispuestos a sufrir turbulencias fuertes, que no es el caso.

La combinación de alta inflación y tipos cero es explosivamente alcista para la renta variable y tal vez sea eso lo que está descontando las Bolsas estos días. Sobre todo, si además crecen los beneficios empresariales de la manera en la que han crecido en el tercer trimestre. Aunque quedan todavía compañías importantes por reportar sus cifras del tercer trimestre, los resultados que hemos conocido hasta ahora evidencian que las empresas están sabiendo mantener sus márgenes y sus beneficios incluso en un entorno de menor crecimiento, en el que el PIB chino ha crecido por debajo del 5% en el tercer trimestre y el PIB americano solo ha crecido un 2%. El que las empresas sean capaces de mejorar sus beneficios incluso en un escenario de menor crecimiento suena muy bien a las Bolsas.

Tipos de interés y beneficios empresariales son los dos grandes motores de las subidas bursátiles porque al final el coste del dinero por un lado (tipo de interés) y el retorno que nos da ese dinero por otro lado (beneficios) son las dos palancas que mueven a las Bolsas. Esas palancas explican que, impulsadas por los beneficios, pero también por el buen dato de empleo americano de octubre que se conoció el pasado viernes, y por las decisiones de la FED y del Banco de Inglaterra, la primera semana de noviembre se haya cerrado con subidas del 3% para el Nasdaq, del 2% para el S&P, del 2,6% para el Eurostoxx, y el 2,5% para el Nikkei.

¿Es posible ver alguna nube en ese cielo tan despejado?

La respuesta es que sí, aunque hoy nadie preste atención a esas pequeñas nubes y aunque probablemente nadie les vaya a prestar atención en los próximos meses. Desde el punto de vista estrictamente bursátil, una señal negativa es que la subida no es generalizada. La Bolsa china y algunas otras Bolsas se están quedando fuera de las subidas o participando solo de forma testimonial. El Hang Seng de Hong Kong cae un 8,7% en el año, el Bovespa brasileño cae un 12% y el Shanghai Composite solo sube un 0,5%. Otros indices importantes como el Kospi de Corea o el Nikkei de Japon suben solo el 3,3% y el 7,5% en el año, respectivamente. El MSCI de Bolsas emergentes está plano en dólares en lo que va de año. Es decir, las subidas fuertes se concentran en las Bolsas americanas y en algunas europeas, sobre todo la italiana, la alemana y la francesa.

Desde un punto de vista más económico, está por ver la duración y profundidad de los problemas de suministro a nivel global y de la crisis energética. Aunque ya se están tomando medidas, como ha sido en el caso de la energía el reconocimiento de la nuclear como energía limpia, recomponer estos problemas puede llevar más tiempo del previsto, con un impacto en el crecimiento grande. La combinación de bajo crecimiento y alta inflación puede llegar a ser muy perturbadora para los mercados si supera ciertos niveles y en este sentido los problemas del mercado laboral que pone de manifiesto el informe de empleo americano de octubre publicado el pasado viernes son delicados. Los salarios por hora han crecido un 4,9% en EEUU en los últimos doce meses y, pese a ello, muchas empresas manifiestan no encontrar los trabajadores que precisan.

Todo apunta a que la economía post Covid está en una fase de profunda transformación, más intensa y acelerada de lo que pensábamos, y que es eso lo que genera problemas en los suministros, en las materias primas, en la energía y en el mercado laboral. Si la economía es mucho más digital y de pronto necesitamos muchos más microchips, muchos más trabajadores con una preparación tecnológica especifica que no abunda, o muchos más minerales cuya exploración no se ha realizado de forma suficiente, la adaptación a ese cambio puede generar problemas no previstos. Y lo mismo si el paso acelerado hacia la sociedad digital conlleva una subida del consumo de energía con la que no se contaba.


Como decimos, son problemas de los que seguramente nadie va a hablar en las próximas semanas, en las que a la vista de la abundancia de dinero que busca desesperadamente donde invertir, lo previsible es que continúe el buen tono bursátil. Ahora bien, empezamos a ver estas ultima semanas una enorme sensibilidad a los resultados y a las previsiones, sobre todo en las empresas que habían subido como la espuma en los meses anteriores. El pasado viernes Peloton, empresa cuyo modelo de negocio, muy tecnológico, se basa en la gimnasia en casa, cayó un 35% en el dia tras presentar resultados que no gustaron, lo que lleva su pérdida en lo que va de año al 63% , casi dos tercios de su valor. Peloton fue una de las estrellas rutilantes de la pandemia, cuando en pocos meses multiplicó por seis su cotización peor ahora, con la reapertura, las "stay at home stocks" pierden atractivo.

Un caso similar fue el de Pfizer y Moderna el pasado viernes. Pfizer anuncio su nuevo fármaco para el Covid y sus acciones subieron casi un 10% en Bolsa, pero al mismo tiempo Moderna, que fue la gran estrella de las vacunas en el 2020, caía un 16,5% en la sesión por temor a que con el nuevo fármaco las vacunaciones vayan a menos, algo similar vimos en Snap hace dos semanas. El problema es que cuando se ha descontado la perfección, cualquier cambio de perspectivas tiene un impacto grande. Algo que ha pasado también, en otro contexto, con algunas tecnológicas, como Snap o Netflix

Es poco probable, sin embargo, que este tipo de recortes se produzca a nivel de los indices, porque la enorme liquidez lo que hace es ir rotando de unos valores a otros, sin poder salir de la renta variable porque, sencillamente, no hay alternativa. Es el famoso TINA (there is no alternative) que se une al miedo a quedarse fuera (FOMO fear of missing out ) y se une también cada vez más al otro acrónimo, YOLO, que fue el lema de los foreros que compraron las "meme stocks" en enero pasado y que indica una total indiferencia ante el riesgo, bajo el lema de que solo se vive una vez (you only live once).

Esta semana, aparte de algunos resultados como los de Walt Disney, Astra Zeneca, Marks&Spencer o Siemens, entre otros, el plato fuerte es la inflación. Se publican la inflación de octubre en China y también la americana, pero la sensación es que, aunque suba mucho, realmente no va a tener impacto alguno en los tipos de interés dada la política de la FED. Asimismo se reúne el Comité Central del Partido Comunista chino en su penúltima reunión del mandato de cinco años, una reunión que se espera sea una ratificación del poder omnímodo de Xi Jinping.

Lo normal es que la Bolsa continúe con su tono optimista, salvo que realmente la inflación se dispare de forma espectacular, lo que no es previsible.


Juan Carlos Ureta Domingo
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