Opinión 14 noviembre 2025

Estados Unidos no consigue financiarse a largo plazo



Cuando los acreedores de una empresa dejan de ofrecerle financiación a largo plazo y solo le ofrecen financiación a plazos cortos, hasta un año, es una muestra de una creciente desconfianza sobre la solidez financiera a medio plazo de dicha entidad. Esto, que es aplicable a las empresas, también se puede aplicar a la financiación de los distintos Estados.

Cuando un Estado no encuentra demanda suficiente de los inversores para poder emitir bonos a medio y largo plazo, se ve obligado a realizar emisiones de deuda de vencimiento de corto plazo, principalmente Letras del Tesoro. En un entorno en el que los Estados siguen gastando más de lo que ingresan, generando de forma recurrente déficit públicos, el problema de financiarse con Letras del Tesoro es que, al año siguiente, cuando venzan las Letras emitidas este año tendrá que emitir un volumen de deuda que incluya tanto el importe del déficit fiscal del año, como la refinanciación de toda la deuda que vence ese año.

Pues bien, de todas las emisiones del Tesoro de Estados Unidos de los últimos doce meses, el 84% del volumen corresponde a emisiones de Letras del Tesoro, con un vencimiento máximo de doce meses. El tipo de interés de las Letras del Tesoro está muy condicionado por el tipo de interés de muy corto plazo fijado por el banco central correspondiente, la Fed en el caso de Estados Unidos.

Si la Fed recorta los tipos de interés de corto plazo, y el mercado descuenta que habrá nuevos recortes en los próximos doce meses, los tipos de interés pagados por el Tesoro en la emisión de Letras del Tesoro no diferirán demasiado de los tipos de referencia de la Fed. Así, ahora mismo el tipo de referencia de la Fed es el 3,75%-4%, mientras que las Letras del Tesoro a un año ofrecen una rentabilidad del 3,5%, al descontar próximas bajadas de tipos de interés por parte de la Fed.

En estas circunstancias no sorprende la promoción de las autoridades estadounidenses de las stablecoins en lugar del dólar digital directamente emitido por la Fed. Las stablecoins son monedas digitales emitidas por entidades privadas que deben tener un respaldo 1 a 1 con el dólar. Es decir, por cada dólar de stablecoin emitido, debe haber un respaldo de un dólar invertido en depósitos bancarios o, principalmente, en Letras del Tesoro estadounidense. El volumen actual de stablecoins es de unos 300.000 millones de dólares. Se estima que en cinco años su volumen incluso supere los 3 billones de dólares. Gracias a la emisión de todo este volumen de stablecoins, se crea una considerable demanda adicional, antes inexistente, de Letras del Tesoro de Estados Unidos.

En cualquier caso, para medir la confianza inversora sobre la solvencia de un país conviene analizar el comportamiento de los tipos de interés de los bonos a largo plazo, especialmente de los bonos a 30 años. Los tipos a corto plazo pueden verse distorsionados por la actuación del banco central correspondiente. Los tipos de largo plazo se fijan en el mercado por la confluencia de oferta y demanda, salvo que el banco central también esté comprando ese tipo de bonos, como ha ocurrido en Japón durante mucho tiempo.

Así, el tipo de interés de los bonos a 30 años del Tesoro de Estados Unidos se encuentra relativamente cerca de los máximos de las últimas dos décadas, a pesar de que en los últimos doce meses la emisión de bonos a 30 años apenas haya sido menos del 2% del total del volumen emitido por el Tesoro norteamericano.


Cualquier inversor miraría con recelo y desconfianza a una empresa que, para financiar su operativa y las inversiones a largo plazo, utilizara de forma preeminente la emisión de pagarés a corto plazo. De igual forma, cuando un Tesoro centra sus emisiones en Letras del Tesoro a corto plazo, quiere decir que tiene dificultades para conseguir demanda suficiente en las emisiones de bonos a medio y largo plazo.

Todo lo anterior invita a pensar que más pronto que tarde la Fed volverá a realizar políticas de expansión monetaria, facilitando directa o indirectamente la compra de deuda pública y, por tanto, aumentando la liquidez del sistema. Dicha liquidez acaba provocando inflación de precios al consumo, inflación del precio de los activos, también de las bolsas, o ambas a la vez.

 

Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, Consejero-Director General de Renta 4 Banco, en El Economista. 





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