Opinión

El suelo de las Bolsas, el mercado alcista y el factor 'yolo'

Juan Carlos Ureta - Presidente ejecutivo de Renta 4 Banco

Aunque la primera semana de agosto ha sido tranquila, en línea con lo que anticipábamos al terminar nuestro último comentario, es realmente notable que las Bolsas hayan conseguido mantener los niveles alcanzados tras las fuertes subidas de julio en medio de noticias que no son precisamente favorables. El S&P y el Nasdaq han subido por tercera semana consecutiva, y han salido ambos de la situación técnica de mercado “bajista” (bear market), terminando la semana con una llamativa remontada final en la sesión del viernes, tras el impacto negativo provocado por el dato de empleo de julio. Esa remontada permitió al Dow Jones cerrar en positivo la sesión, al S&P cerrar casi en tablas, y al Nasdaq cerrar cayendo solo medio punto porcentual.

En la primera semana de agosto el Nasdaq ha ganado un 2,15%, el S&P un 0,4%, el Eurostoxx un 0,5% y el Nikkei un 1,3%, mientras que el Dow Jones ha acabado con una ligerísima caída del 0,1%. Es un comportamiento más que notable en una semana en la que diversos miembros de la Fed (Mary Daly, Loreta Mester, Charles Evans…) han reafirmado una política monetaria “dura” y en la que el informe de empleo americano de julio publicado el pasado viernes, con una creación de 528 mil puestos de trabajo, muy por encima de los 258 mil previstos, lo cual sitúa el desempleo en el nivel mínimo de los últimos cinco años (3,5%), hace pensar que la Fed puede acelerar las subidas de tipos. Las palabras de Powell tras la última reunión de la Fed, hace tan solo diez días, sugiriendo una posible ralentización en la subida de tipos, pasan así a un segundo plano ante la realidad de una economía norteamericana tan vibrante.

Las Bolsas están fuertes y el apetito por el riesgo parece haber vuelto. El S&P ha subido un 15% desde sus mínimos de junio, el Nasdaq un 20% y el índice de volatilidad del S&P, el VIX, ha bajado de 31 a 21. Hay, en definitiva, un ambiente optimista en las Bolsas, que contrasta con la inquietud que domina en los medios económicos.

Hay varias explicaciones para esa fortaleza de las Bolsas. La primera, obviamente, son los resultados empresariales del segundo trimestre, que están siendo en general mejores de lo esperado, lo cual avala en cierto modo la idea de que la economía está fuerte. Una segunda es que el mercado piensa que la Fed va a subir los tipos este año, pero no cree que vayamos a un escenario de tipos de interés elevados a largo plazo, en una economía de crecimiento “mediocre”, por utilizar la terminología del FMI. Con el corolario de que es altamente probable que en el 2023 la Fed se vea obligada a parar las subidas y luego a dar marcha atrás y empezar a bajar tipos.

Esta lectura sería coherente con el hecho de que el tipo de los bonos del Tesoro americano a 2 años, que subieron 20 puntos básicos el viernes tras el informe de empleo, estén en el 3,23%, mientras el del bono a 10 años (T bond) está en el 2,83% y ha llegado a estar en el 2,51% en algún momento de la semana pasada. Es decir, el mercado ve subidas de tipos a corto, pero no compra el paradigma de tipos altos a largo plazo. La inversión de la curva del 2 y el 10 años quedaría así explicada sin necesidad de pensar en escenarios recesivos fuertes ni duraderos. Bastaría con pensar en una economía de bajo crecimiento a largo plazo con asistencia permanente por parte de los Bancos Centrales, pero sin barra libre.

Si unimos todos los puntos, el escenario resultante es bastante favorable para las Bolsas, ya que seguiríamos teniendo tipos reales de interés no muy atractivos, tal vez incluso negativos (insisto, en términos reales), lo cual convierte a las empresas de calidad que sepan situarse en la pata de arriba de la "K", en el activo estrella para invertir con el horizonte puesto en el medio y largo plazo.

Estas consideraciones están llevando a algunos analistas a pensar que en junio hemos visto ya el suelo de las Bolsas e, incluso, que estamos ya en los inicios de un nuevo mercado alcista (“bull market”). La evolución del bitcoin, que es un claro “proxy” del apetito por el riesgo, avalaría también la tesis de que estamos en los inicios de un nuevo mercado alcista, al mantenerse de forma ya bastante continua por encima de los 20.000 dólares. El bitcoin, que es la mayor criptomoneda por capitalización y probablemente la mayor candidata entre las criptomonedas a sobrevivir, sufrió un severo desplome desde sus máximos de noviembre, llegando a perder un 65% de su valor, pero se ha recuperado y en julio subió un 28%, manteniéndose, como decimos, holgadamente por encima de los 20.000 dólares. Otro indicador en este sentido es que el índice FAANGs de la New York Stock Exchange ha entrado en mercado alcista al subir más de un 20% desde sus mínimos.

Esta tesis encontraría mayor apoyo técnico si el S&P recuperase más del 50% de la caída, para lo cual debe superar con cierta holgura los 4.231 puntos. Si salta ese nivel, y no estamos lejos, muchos pensarían que lo peor ha quedado atrás y comprarían.

Somos un poco escépticos respecto a la idea de que las bolsas hayan visto el suelo en junio y que ahora se esté iniciando un ciclo alcista de largo plazo. Pensamos, más bien, que no hay elementos suficientes para pensar que la fase de corrección de las Bolsas y de los activos de riesgo haya terminado. Ni la situación de la economía ni la de los mercados apoyan esa tesis. La economía debe aún corregir los enormes desajustes generados por la Gran Transformación (Great Reset) que se pretendió después del Covid, que han llevado a una situación de inflación y desaceleración económica simultáneas, con fuertes problemas en las cadenas de suministro y en mercados claves como el energético.

Pasa lo mismo en los mercados, se ha corregido una parte de la burbuja generada tras el Covid, incluso toda la burbuja en algunos activos concretos. Pero en general queda aún ajuste en muchos activos. Deberíamos ver el S&P más bien por debajo de los 3.500 puntos para empezar a pensar de verdad en un suelo del mercado.

En el plano geopolítico tampoco la escena ofrece el confort suficiente como para pensar ya en un nuevo mercado alcista. Aunque la tensión en torno a Ucrania se ha reducido notablemente, y todo parecería indicar que hay cierto deseo de llegar a un “statu quo” o, incluso, a un final de facto de la guerra, aunque no se formalice como tal, la realidad es que las dos grandes super potencias, EE.UU. y China, no acaban de encontrar un modelo de relación que funcione. La Administración Biden ha prolongado el modelo de Trump, más tendente al enfrentamiento que a los acuerdos, pero ciertamente la mayor culpa en esa falta de sintonía la tiene China, y en concreto Xi Jinping. Al haber eliminado la autonomía política de Hong Kong, rompiendo el compromiso asumido en su día de “un país, dos modelos”, Xi Jinping ha sentado un precedente que imposibilita una solución para Taiwán. Esa es una espada de Damocles que pesa sobre la estabilidad geopolítica, como se ha visto con el reciente viaje de Nancy Pelosi.

Sea como fuere, los espíritus animales de los inversores se mantienen altos y algunos lo explican con la tesis un tanto novedosa de que en el mercado está jugando el factor YOLO (“you only live once”, solo se vive una vez), que impulsa a los inversores a  no mirar los problemas y ver solo la parte positiva. Es algo parecido a la actitud de no mirar hacia arriba (don't look up) que describía una famosa serie audiovisual de fines del pasado año, en la que unos jóvenes científicos descubren que un meteorito va a impactar en la Tierra, pero la gente no hace ningún caso a esa amenaza y opta por seguir con su día a día y no mirar al cielo para no ver el meteorito. Tal vez la traumática experiencia del Covid tenga que ver en esa actitud de disfrutar el momento y no preocuparse por el futuro, que está impulsando también el consumo desaforado y la inflación.  Pero en las inversiones es obligatorio tener en cuenta los peligros, los riesgos y las amenazas.

Hay, sin embargo, como antes decíamos, otras posibles explicaciones a la fortaleza actual de las Bolsas, sin necesidad de acudir a teorías tan extrañas. Basta con mirar un poco más allá de la recesión y de la actual inflación y pensar en una economía que vuelve a crecer, aunque sea poco, y en la que las condiciones monetarias sean laxas, aunque sin llegar a la barra libre monetaria de estos últimos años.  En esa economía, dominada además por la innovación disruptiva permanente y estructural, el modelo de inversión no cambia, y la renta variable (las empresas) es el activo estrella para obtener retorno. Si pensamos así podemos querer aprovechar que ahora todo está más barato para comprar pensando en el largo plazo…

En cualquier caso, insistimos, no creemos que estemos ya en un mercado alcista (bull market). Nuestra idea es que podría, y normalmente debería, haber una última fase de corrección en los mercados, tal vez en otoño si las proyecciones de resultados empiezan a empeorar por la desaceleración, y a partir de ahí sí se marcaría probablemente un suelo para empezar a construir una nueva fase alcista.

El miércoles se publica la inflación de julio en EE.UU. Se espera que el IPC general baje algo, del 9,1% al 8,7%, por la caída del petróleo que está ya en 89 dólares (el WTI) pero, sin embargo, la inflación subyacente, excluyendo energía y alimentos no elaborados, parece que subirá del 5,9% de junio al 6,1% en julio. También se publica, el viernes, el informe de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, que contiene un apartado de expectativas de inflación por parte de los consumidores, muy seguido por la Fed.

Hay más datos en la semana, por ejemplo, el mismo miércoles se publica también la inflación de China en julio, y hay también bastantes resultados empresariales, pero realmente las Bolsas se juegan su futuro inmediato en lo que pase en EE.UU. y en el S&P.

Pensamos más bien en una semana lateral, que podría ser incluso bajista si la inflación americana vuelve a decepcionar.



Juan Carlos Ureta Domingo
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