
Si la semana pasada decíamos que hay vida bursátil fuera de la IA, con el Ibex como ejemplo, esta semana esa vida bursátil nos remite, sin duda, a Venezuela y a la impresionante captura por el ejército norteamericano del hasta ahora presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Venezuela es el país del mundo con mayores reservas de crudo, pero su producción ha caído notablemente en los últimos años, desde que se inició el llamado “chavismo”, primero desde 1999 hasta 2013 bajo el mando de Hugo Chávez y luego, desde 2013 hasta el pasado sábado, bajo el mando de Nicolás Maduro.
A finales de la década de los noventa, Venezuela producía 3,5 millones de barriles diarios, una cifra que experimentó un largo y continuado declive hasta llegar a menos de cuatrocientos mil barriles en 2020, un mínimo desde el que ha ido remontando en estos últimos años, situándose en la actualidad su producción en el entorno del millón de barriles diarios.
Trump no ha ocultado en absoluto su deseo de hacerse con el petróleo venezolano. En la rueda de prensa del pasado sábado en Mar-a-Lago, Trump argumentó que ese petróleo le fue expropiado ilícitamente a las compañías americanas que habían invertido allí, y aseguró que ahora esas mismas compañías van a volver a invertir miles de dólares millones de dólares (“spend billions”) en Venezuela, para aumentar significativamente la producción. Lo cual redundará, dijo Trump, en beneficio de Estados Unidos, pero también de Venezuela. Trump dijo que así Estados Unidos será reembolsada de lo que le fue ilegítimamente quitado (“we are going to get reimbursed”), pero a la vez dejó claro que Estados Unidos necesita ese petróleo (“we need that energy”).
Al margen de discusiones geopolíticas, lo que nos interesa desde el punto de vista de la economía y de los mercados financieros es el impacto que esta nueva situación va a tener en el precio del crudo. Un precio que, como se ve en el gráfico de los últimos cinco años que adjuntamos, ha venido cayendo desde los máximos alcanzados en abril de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania. En nuestro gráfico semanal del pasado 7 de abril de 2025 analizábamos cómo esa caída ha aliviado las tensiones de inflación, bajo el título “El petróleo ayudará a compensar el impacto de los aranceles”.
Hay analistas que opinan que ese impacto va a ser negativo por la elevación de la prima de riesgo geopolítica y por la dificultad de volver a poner en producción las instalaciones venezolanas, una dificultad que será máxima si no se logra gestionar este periodo de transición, tal y como Trump quiere.
En nuestra opinión, es más probable que el impacto sea positivo, ya que añadirá producción a la oferta global, generando un efecto similar al de la decisión de la OPEP de elevar la producción en abril pasado, decisión que comentamos en el ya citado gráfico semanal del 7 de abril de 2025.
Ese impacto a la baja en el precio será aún mayor si la Administración norteamericana consigue gestionar bien la transición política en Venezuela, lo cual no es fácil, pero tampoco imposible para un Trump que ha dado sobradas muestras de tener una gran determinación a la hora de conseguir sus objetivos.
Apostaríamos por un precio del petróleo deslizándose suavemente a lo largo del año hacia la banda 50-55 dólares, desde los actuales niveles de 57,3 dólares para el crudo ligero americano (WTI) y de 60,7 dólares para el Brent.
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