
La semana pasada traíamos a nuestra sección el paralelismo entre la evolución alcista de la cotización de Apple y la meteórica escalada del ether, la criptomoneda nativa de la plataforma Ethereum, creada en 2015 por Vitalik Buterin para ejecutar contratos inteligentes (smart contracts) y aplicaciones descentralizadas (dApps) sin necesidad de intermediarios.
Ese paralelismo ha continuado esta última semana con la subida del 1% en Apple mientras que el ether también se apuntaba ganancias en la semana, tras haber llegado a superar los 4,700 dólares el pasado miércoles, el mismo día en el que el bitcoin superaba los 124.000 dólares.
Pero lo interesante es que el bitcoin y el ether, como máximos exponentes de los activos “cripto”, se han convertido en un claro referente (“proxy”) de la liquidez del sistema y del apetito por el riesgo de los inversores. Y, a juzgar por la evolución de ambos criptoactivos, el apetito por el riesgo está en máximos. El ether ha empezado la semana por encima de los 4.500 dólares y el bitcoin se acerca de nuevo a los 120.000 dólares.
Ese apetito inversor por el riesgo no podía dejar de fijarse en nuestro Ibex, un índice formado por empresas excepcionales, algunas de ellas lideres globales en sus respectivos sectores, y que, por razones ajenas a la propia Bolsa, estaba absurdamente infravalorado en relación con otros índices europeos y americanos. El Ibex subió la semana pasada un 3,1%, siendo de lejos el mejor índice europeo.
En el informe de estrategia de Renta 4 Banco para 2025, publicado a mediados del pasado diciembre, apostábamos fuertemente por la Bolsa española y por las Bolsas europeas, y dábamos un precio objetivo de 13.800 puntos para el Ibex, lo que en aquel momento suponía una revalorización del 16%, siendo la de Renta 4 Banco una de las valoraciones más positivas para nuestro selectivo dadas por las diversas casas de análisis.
No sólo hemos acertado, sino que nos hemos quedado cortos, ya que el pasado viernes el Ibex cerró en 15.281 puntos, con una subida del 31,8% respecto al uno de enero y recuperando.
Pero, sin quitar mérito a las excelentes compañías miembros del selectivo, que lo están haciendo muy bien, hay que decir que en parte ese comportamiento tan extraordinario del Ibex se debe a un optimismo inversor que está en niveles máximos a nivel global. La abundante liquidez, llevada un nivel más extremo aún por las iniciativas de la nueva administración norteamericana en relación con el mundo “cripto”, busca activos en los que invertir, y se fija, como es lógico, en las grandes españolas.
Ese es el vínculo, el hilo conductor, que conecta a nuestro Ibex con el VIX, el indicador que mide la aversión al riesgo o el apetito por el riesgo en las Bolsas americanas. El VIX es el llamado “índice del miedo” y lo que ahora nos está diciendo es que invirtamos en renta variable y que no nos preocupemos. Y eso lleva al dinero hacia los activos que se habían quedado atrás, como el Ibex. El gráfico adjunto muestra muy bien esa correlación Ibex-VIX.
De nuevo observamos, igual que lo hacíamos la semana pasada, el llamado “efecto palomita” que se da cuando una misma causa, en este caso la complacencia y la indiferencia ante el riesgo, produce simultáneamente el mismo efecto en varios activos, ya sea el Ibex o cualquiera de las restantes Bolsas globales.
Está por ver si el sentimiento inversor sigue impulsando o no al alza a los activos, o si por el contrario se para tras las fortísimas subidas de julio y principios de agosto. Lo normal sería un cierto descanso, pero no cabe excluir subidas adicionales explosivas de los activos de riesgo, y por tanto también del Ibex, al calor de la nueva escala que está alcanzando la expansión monetaria global propiciada por el “trumpismo”.
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