Opinión 01 mayo 2026

El bloqueo de Ormuz y la catástrofe petrolera iraní


Toda guerra es una tragedia para la población que la padece, por el sufrimiento que genera y los muertos que provoca. La guerra en Irán no es una excepción. Sin embargo, desde la perspectiva de la economía mundial, lo relevante no es tanto cuánto tiempo durará la guerra, sino cuándo se abrirá el estrecho de Ormuz.

La situación actual de alto el fuego evita muertes, que no es poco, pero cada día que pasa con el estrecho de Ormuz bloqueado se acentúan los problemas de las cadenas de suministro globales, no solo en el mercado energético.

Inicialmente, Irán mantenía casi cerrada la navegación por el estrecho de Ormuz, solo permitiendo el paso a aquellas embarcaciones que contaran con su visto bueno, en algunos casos previo pago de una tasa de dos millones de dólares. El 13 de abril, Estados Unidos decidió que su armada bloqueara el estrecho de Ormuz, deteniendo cualquier barco con origen o destino en un puerto iraní.

Este último movimiento de Estados Unidos puede ser mucho más eficaz para forzar a Irán a llegar a un acuerdo que seguir bombardeando el territorio iraní. Antes del bloqueo estadounidense, los iraníes seguían sacando petroleros cargados por el estrecho y, por tanto, exportando y recibiendo a cambio ingresos en divisas. Ahora, con la imposibilidad de eludir el bloqueo de la armada estadounidense, los iraníes no pueden vender el petróleo, sino que tienen que almacenar su nueva producción. De momento, se quedan sin su principal fuente de ingresos.

La capacidad iraní de almacenamiento de petróleo es limitada. Utilizan almacenes en tierra y también en buques petroleros y superpetroleros. En cualquier caso, la capacidad es finita, y más sin la posibilidad de contar con petroleros adicionales que puedan acceder a los puertos iraníes por el estrecho de Ormuz.

El sistema de extracción y producción de petróleo iraní está construido para tener un flujo constante. Se extrae el petróleo, se introduce en los oleoductos, se cargan los petroleros y estos se dirigen hacia puertos asiáticos, principalmente chinos. Es un proceso diseñado para ser continuo, sin pausa.

No es un sistema que se pueda parar y arrancar a demanda. No es un grifo de abrir y cerrar. Una vez superada la capacidad de almacenamiento, Irán se verá forzado a paralizar la extracción de petróleo pozo por pozo. Los costes económicos y de tiempo para volver a poner en marcha un pozo paralizado son enormes.

Con el descenso de la demanda de petróleo por el confinamiento global en 2020, muchas petroleras prefirieron vender petróleo con descuento antes que paralizar pozos maduros. En muchos de estos yacimientos hay que inyectar agua para mantener la presión y empujar el petróleo hacia la superficie. Si se para la producción, el equilibrio se rompe. Al intentar volver a poner en marcha el pozo, es posible que durante un largo periodo de tiempo se extraiga agua en lugar de petróleo, lo que dificultaría volver a los niveles anteriores de producción de petróleo. Adicionalmente, una parada de la producción puede provocar daños permanentes en el pozo y dañar las infraestructuras. Por lo tanto, la vuelta a la producción anterior conlleva cuantiosas inversiones y tiempo.

Aunque son diversas las estimaciones sobre la fecha en la que Irán llegará al límite de su capacidad de almacenamiento y, por tanto, se verá obligado a cerrar los pozos petrolíferos, alguno de los grandes bancos de inversión estadounidenses considera que no aguanta más de 30 días de almacenamiento, lo que nos lleva a una fecha alrededor del 20 de mayo.

Sea cual sea la fecha concreta, lo cierto es que es una fecha no muy alejada en el tiempo y, en cualquier caso, dentro de las próximas cuatro u ocho semanas. Llegar a dicha situación límite, en la que tenga que paralizar la producción de petróleo, supondría no solo una pérdida de ingresos por cada día que no puede exportar su petróleo, sino también un enorme daño a la capacidad futura de Irán para volver a producir la misma cantidad de petróleo sin incurrir en cuantiosas inversiones.

Para el precio del petróleo a nivel global, llegar a dicha situación de paralización de los pozos durante un largo periodo de tiempo implicaría un contratiempo adicional que mantendría los precios del petróleo en niveles todavía más elevados, incrementando el riesgo en la disponibilidad de determinados productos para determinadas zonas geográficas.

En cualquier caso, incluso en el mejor escenario, en el que se abriera el estrecho de Ormuz de forma casi inmediata, la normalización en el mercado del petróleo y de muchos otros productos con una elevada cuota de producción en el golfo Pérsico tardará meses.

El estrecho de Ormuz es como una autopista de tres carriles que se reduce a uno en su parte más estrecha. Deshacer el atasco de los más de 800 navíos retenidos en el estrecho llevará su tiempo.


Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, Consejero-Director General de Renta 4 Banco, en El Economista.



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