Opinión 17 abril 2026

Acumulación frente a sustitución de energías

La energía mueve la economía. La actual disrupción del tránsito de petróleo y gas por el Golfo Pérsico ha puesto de manifiesto las debilidades energéticas de las distintas zonas geográficas.

A pesar de todo el ruido de los últimos años sobre el deseo de descarbonizar la economía, la realidad es que, a nivel global, prácticamente el 80% de la energía consumida proviene de fuentes fósiles. Incluso en China, el 80% procede de fuentes fósiles, especialmente del carbón, aunque casi el 20% de la energía tiene su origen en fuentes renovables. Adicionalmente, cuanto más aumenta el volumen de una economía, mayor es el consumo energético.

La piedra angular de la estrategia económica de la actual administración de Estados Unidos es un modelo de acumulación de fuentes de energía, no de sustitución de unas fuentes por otras. Para ellos es una prioridad conseguir energía abundante y barata. Su objetivo es tener la energía más barata entre los países industrializados.

La idea subyacente es que con una energía abundante y barata conseguirán mantener bajos los precios de los alimentos y del transporte, limitando la inflación. La actual coyuntura de altos precios del petróleo dificulta en el corto plazo esta estrategia.

Adicionalmente, el desarrollo de los centros de datos requiere un incremento considerable de consumo energético. En 2025, los centros de datos eran responsables del 4% del consumo eléctrico de Estados Unidos. Se estima que para 2030 dicho porcentaje se incrementará hasta el 12%. Hace falta disponer de más energía.

Esta política de energía abundante y barata, si se cumple, permitirá a Estados Unidos tener una ventaja competitiva tanto en el desarrollo de la IA como en múltiples sectores industriales intensivos en energía. A día de hoy, Estados Unidos ya es un exportador neto de energía. Con las inversiones en marcha en petróleo y gas, su capacidad exportadora se incrementará notablemente.

Europa, aunque ha realizado un esfuerzo importante en el desarrollo de las energías renovables, sigue y seguirá siendo muy dependiente de las energías fósiles. La falta de autonomía energética es una gran debilidad, aunque el porcentaje de importaciones procedentes del Golfo Pérsico sea reducido.

En Europa han primado las políticas de descarbonización, con la sustitución de fuentes de energía fósiles por energías renovables, en lugar de una política de adición de nuevas fuentes, como en el caso de Estados Unidos. Conviene recordar que hasta 2010 Europa producía mayor volumen de gas que Rusia. El derrumbe de la producción de gas en Europa ha sido un daño autoinfligido.

Asia es, sin lugar a dudas, la región más afectada a corto plazo por la interrupción de los flujos energéticos de petróleo y gas. La situación en países como India, Tailandia o Filipinas no es solo de incremento del precio de los combustibles, sino de disponibilidad de los mismos. Ante esta situación, en numerosos países han sustituido petróleo y gas por carbón. Por el contrario, en España y en gran parte de Europa ello no es posible porque las centrales de carbón, además de haber sido cerradas, han sido demolidas.

Cualquier pronóstico sobre la duración de la guerra en Irán es incierto. En cualquier caso, esta guerra ha puesto de manifiesto la importancia estratégica para cualquier país de contar con la máxima independencia energética, si no quiere perder competitividad a nivel global y depender de países exteriores que pueden volverse más o menos hostiles.

Electrificar parte del consumo energético puede ayudar a resolver parte del problema, pero la dependencia de los combustibles fósiles seguirá siendo una realidad durante mucho tiempo. Más aún si también se ponen trabas al desarrollo de la energía nuclear.

En este caso, la estrategia energética de Estados Unidos, consistente en acumular fuentes de energía en lugar de meramente sustituir unas fuentes por otras, les da una ventaja competitiva y un poder de influencia sobre los países dependientes difícilmente cuestionable.


Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, Consejero-Director General de Renta 4 Banco, en El Economista.




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