Junio ha sido el mes del punto de inflexión geopolítico. La firma del memorando de entendimiento de paz entre Estados Unidos e Irán y la consecuente reapertura del Estrecho de Ormuz han protagonizado los mercados financieros, poniendo fin al ciclo de disrupción energética iniciado en febrero.
El desplome del crudo Brent por debajo de los 80 dólares por barril, desde los más de 100 dólares de mayo, ha aliviado las presiones inflacionistas y, por tanto, las expectativas de subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo (BCE). En el caso de la Fed, un tono más restrictivo y la buena evolución de los datos macroeconómicos en general en EE. UU. tuvieron el efecto contrario, empujando al alza los tramos cortos de la curva de tipos estadounidense.
Las primas de riesgo de la deuda pública de España e Italia frente a Alemania se mantuvieron contenidas, mientras que, por el contrario, el diferencial de Francia se amplió hasta los 78 puntos básicos debido a la incertidumbre política de cara al calendario electoral de 2027.
Los diferenciales de crédito frente a la deuda pública siguieron estrechándose y se sitúan en niveles exigentes. El mercado secundario estuvo algo presionado por el elevado volumen de emisión primaria.
El protagonista negativo del mes fue el sector de automoción. Los fabricantes de automóviles europeos registraron un mal comportamiento arrastrados por BMW, que emitió un profit warning debido a la desaceleración de sus ventas en China. Moody’s situó su calificación crediticia en perspectiva negativa, contagiando a Mercedes-Benz y Volkswagen. Renault, con mayor exposición al mercado europeo, resistió mejor.
En el lado positivo, Bayer estrechó diferenciales tras un fallo judicial favorable en EE. UU. sobre los litigios del herbicida Roundup, que reduce su riesgo legal.
Bancos centrales
El BCE subió sus tipos de referencia 25 puntos básicos en junio, hasta situar el tipo de depósito en el 2,25%. La decisión fue adoptada de forma unánime por el Consejo de Gobierno. Se trata de la primera subida desde septiembre de 2023.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló que el movimiento no era una medida de precaución para preservar su credibilidad, sino que respondía a la subida de la inflación causada por el incremento de los precios energéticos.
El BCE revisó al alza sus previsiones de inflación para 2026 y 2027 y a la baja las de crecimiento económico, debido a la prolongación de la guerra desde que se publicaron las anteriores previsiones el pasado mes de marzo.
Lagarde, no obstante, señaló al cierre del mes que “no es necesaria una respuesta más enérgica”, sugiriendo que el ciclo de subidas podría estar próximo a su fin. Con el Estrecho de Ormuz abierto y con el último dato de inflación de la Eurozona publicado tras la reunión del BCE, que mejora notablemente, se disipan las probabilidades de una nueva subida de tipos en 2026.
Por su lado, la Fed mantuvo sin cambios sus tipos de interés de referencia en el 3,50%-3,75%, en su primera reunión bajo la presidencia de Kevin Warsh.
Tanto el comunicado, mucho más corto y en el que se elimina el forward guidance siguiendo una nueva política de comunicación, como las previsiones macroeconómicas y de tipos de interés fueron hawkish, es decir, orientadas hacia una política monetaria restrictiva. Esto hizo que los tramos cortos de la curva de tipos estadounidense se desplazaran al alza, comenzando a descontar una subida de tipos de 25 puntos básicos en 2026.
En concreto, la Fed revisó solo ligeramente a la baja el crecimiento esperado en 2026, manteniendo el de 2027, en cualquier caso, en tasas relativamente sólidas. Además, revisó ligeramente a la baja el desempleo. Por el contrario, corrigió al alza las previsiones de inflación, especialmente en 2026, hasta tasas significativamente por encima del objetivo.
Con estas proyecciones, difícilmente se pueden justificar nuevas bajadas de tipos y podría tener que plantearse una subida. Así lo refleja el diagrama de puntos, o dot plot, donde los miembros del comité plasman sus previsiones de tipos. En él, la mitad de los miembros, sin contar a Warsh, reflejan una subida de tipos este año.
Economía
La economía de la Eurozona continúa con un crecimiento débil y una pobre demanda interna. La buena noticia vino por el lado de los precios.
La inflación general se desaceleró al 2,8% interanual en junio, frente al 3,2% de mayo, gracias al abaratamiento de la energía. La inflación subyacente, por su parte, se moderó al 2,4%. Esto permitirá al BCE ser paciente y mantenerse a la espera en la próxima reunión, en nuestra opinión.
Por el contrario, la economía estadounidense se muestra más dinámica, apoyada por las inversiones en tecnología y por el consumo de los hogares, sostenido, a su vez, por la buena evolución de los mercados financieros. No obstante, el consumo está muy fragmentado y se mantiene principalmente por las familias de rentas altas.
El riesgo está en que una corrección de los mercados financieros tendría un impacto muy negativo en el gasto del consumidor.
Por el lado de los precios, tanto la inflación general, en el 4,2%, como la subyacente, en el 2,9%, continuaron acelerándose, según los datos de mayo, muy por encima del objetivo. No obstante, habrá que esperar al efecto del descenso del precio de la energía en los datos de ese mes.
Geopolítica
La firma del memorando de entendimiento de paz entre EE. UU. e Irán ha permitido la reapertura del Estrecho de Ormuz, reduciendo drásticamente la prima de riesgo energético y consolidando el Brent por debajo de los 80 dólares por barril.
Sin embargo, persisten tensiones y las negociaciones en vigor se antojan complicadas, por lo que la normalización geopolítica no está exenta de incertidumbre. A largo plazo, creemos que volverán a surgir tensiones en algún momento.
Además, la destrucción de infraestructuras sufrida durante el conflicto seguirá teniendo efectos sobre la oferta energética a medio plazo, aunque el riesgo agudo de disrupción parece claramente reducido.