Para la mayoría de la gente, Amazon sigue siendo la caja de cartón con la flecha sonriente que aparece en el portal, pero existe mucho más en esta historia. En el segundo trimestre de 2026, la compañía facturó 200.606 millones de dólares, con un beneficio operativo de 27.461 millones, un 43% más que el año pasado. Y de ese beneficio, seis de cada diez dólares no vinieron de vender nada: vinieron de alquilar ordenadores.
En los últimos doce meses, Amazon facturó alrededor de 775.700 millones de dólares. Merece la pena ver cómo se reparten, porque ese reparto explica casi todo lo demás.
| Negocio | % ingresos | Qué es |
| Tiendas online | ≈37% | Venta directa. Lo más visible y lo de peor margen. |
| Marketplace (3P) | ≈24% | Comisiones y logística por vender la mercancía de otros. |
| AWS (nube) | ≈19% | Menos de una quinta parte de las ventas y el 60% del beneficio. |
| Publicidad | ≈10% | Anuncios dentro del propio buscador de Amazon. |
| Suscripciones | ≈7% | Prime, Audible, Music. Más de 250 millones de socios. |
| Tiendas físicas y otros | ≈4% | Whole Foods, Amazon Fresh y partidas menores. |
AWS y publicidad: dos motores que explican Amazon
Dos cifras merecen que uno se detenga. La primera es que AWS aportó 16.621 de los 27.461 millones de beneficio operativo del trimestre, el 60,5% del total, con menos del 20% de las ventas. La segunda es que la publicidad, un negocio que hace cinco años casi nadie tenía en el radar, factura ya 76.100 millones al año y crece por encima del 20%.
¿Y por qué nadie le quita el sitio? Por tres razones que se refuerzan entre sí. La primera es el volante de Prime: los socios compran más y compran más a menudo, y eso atrae vendedores; más vendedores amplían el catálogo y mejoran los precios; y un catálogo mejor y más barato trae más socios. En sí, es un ciclo virtuoso.
La segunda es el coste de salir de AWS. Una empresa que ha llevado sus bases de datos y sus aplicaciones críticas a Amazon no se muda por un descuento del 5%, porque la migración cuesta años, dinero y riesgo operativo; es la clase de cliente que se queda.
Y la tercera es la logística: cualquiera puede construir un almacén, pero nadie puede construir seiscientos en veinte países a precios competitivos.
Amazon como empresa de peajes
Hay una forma sencilla de entender a Amazon: es una empresa de peajes. Durante dos décadas levantó una red física que ninguna marca podía permitirse replicar, y acabó alquilándosela a todas. Un fabricante de juguetes de Alicante no va a montar su propia red de reparto en veinticuatro horas; paga a Amazon para usar la suya.
Con AWS ha repetido exactamente la jugada en digital. Centros de datos, fibra, contratos de electricidad, servidores y chips de diseño propio. Un banco, una farmacéutica o una startup de inteligencia artificial tampoco van a construirse eso desde cero, así que lo alquilan por horas.
El retail sigue vivo, pero la clave está en la mezcla
El retail sigue mucho más vivo de lo que suele suponerse. Norteamérica creció un 16% en el segundo trimestre e Internacional un 15%, ritmos que nadie espera de un negocio supuestamente maduro.
Pero lo relevante no es el volumen, es la mezcla: en torno al 62% de las unidades vendidas son de vendedores externos. Ahí Amazon cobra comisión, tarifa logística y publicidad sin comprar inventario ni asumir el riesgo de que la mercancía se quede sin vender.
AWS y la segunda juventud de la nube
La nube, entretanto, vive una segunda juventud gracias a la inteligencia artificial. AWS creció un 37% interanual hasta 42.232 millones en un solo trimestre, con un margen operativo del 39,4%. Es su tasa más alta en dieciocho trimestres, y llega cuando la división factura el doble que la última vez que corrió tan rápido.
En términos anualizados son 169.000 millones de dólares: si cotizara por separado, entraría directamente en el puesto 24 del Fortune 500.
Y luego está la publicidad. Subió un 26% en el trimestre y es, junto a la nube, el negocio más rentable del grupo. Tiene su lógica: cuando alguien escribe "zapatillas de running" en Amazon ya ha decidido comprar, y ese clic vale bastante más que uno en una red social.
La gran apuesta: 220.000 millones de inversión
La mayor pega que se encuentra actualmente es que Amazon ha elevado su previsión de inversión para 2026 hasta 220.000 millones de dólares, casi todos destinados a centros de datos y capacidad de cálculo. La propia compañía reconoció que la cifra subió desde los 200.000 millones previstos por el encarecimiento de la memoria.
El coste contable de esa apuesta es muy real. El flujo de caja libre ha pasado de entrar 18.200 millones en los doce meses hasta junio de 2025 a salir 7.600 millones en los doce meses hasta junio de 2026. Amazon nunca había ganado tanto beneficio y, al mismo tiempo, nunca había quemado tanta caja. Para quien mira el trimestre siguiente, esa combinación es una bandera roja.
El argumento de la casa lo repite Andy Jassy en cada llamada de resultados: es exactamente lo que pasó en los primeros años de AWS. Primero se construye la capacidad, se pagan las facturas y se aguantan las críticas; luego se cobra durante una década.
Esta vez, además, hay un dato que sostiene el relato. AWS tiene 496.000 millones de dólares en contratos firmados y pendientes de entregar, con reservas comprometidas hasta 2028, y Jassy fue más allá en la última conferencia: la demanda de 2026 no la puede atender entera, y cree que en 2027 tampoco.
Anthropic, Trainium y Graviton: fabricar también los ladrillos
Amazon ha comprometido hasta 25.000 millones de dólares en Anthropic, la creadora de Claude. Lo interesante no es el cheque, sino lo que recibe a cambio. Anthropic se compromete a gastar del orden de 100.000 millones en AWS a lo largo de diez años y, sobre todo, a entrenar y desplegar sus modelos sobre los chips que diseña Amazon: Trainium para inteligencia artificial y Graviton para computación general.
Ese segundo punto es el que de verdad importa. Cada dólar de cómputo que corre sobre Trainium en lugar de sobre una tarjeta de Nvidia es un dólar que Amazon no paga a un proveedor externo con un margen bruto del 70%.
La compañía habla de mejoras de precio-rendimiento del 30-40% frente a las alternativas del mercado, y el negocio de chips ya factura a un ritmo anualizado de más de 25.000 millones. Anthropic tampoco es el único caso: OpenAI y una lista creciente de startups han firmado compromisos multianuales con Trainium.
Es la diferencia entre ser el casero de la inteligencia artificial y ser además el que fabrica los ladrillos.
Marketplace: un escudo estructural frente a la inflación
En la parte del Marketplace, merece la pena recordar que el 62% de los artículos que se venden en Amazon no son de Amazon. La compañía deja de ser un minorista con bajos márgenes para ofrecer la infraestructura con más margen y minimizando los riesgos.
Si sube el flete marítimo, si se encarece el acero o si entra en vigor un arancel nuevo, el golpe lo recibe el vendedor independiente, que tendrá que subir el precio o comerse el margen.
Amazon, entretanto, sigue cobrando su comisión porcentual sobre un precio final que ahora es más alto, sus tarifas logísticas y su publicidad. Un minorista tradicional, con el almacén lleno de mercancía propia comprada a precios de hace seis meses, no tiene esa salida. Es un escudo estructural contra la inflación, no una habilidad de gestión.
El efecto mezcla: menos retail, más nube y publicidad
Para este 2026, se estiman unos 828.000 millones de dólares de ingresos. Pero lo importante no es la facturación, sino el efecto mezcla: en estos ingresos, la parte del retail, que es menos rentable, va perdiendo peso a favor de la nube y la publicidad, lo que eleva el margen del grupo. Y una empresa con más margen es una empresa por la que se suele pagar una prima.
Por qué no separar AWS
Cada cierto tiempo alguien propone sacar AWS a bolsa por separado para aflorar su valor. Sobre el papel suena bien, y en la práctica rompería tres circuitos que hoy funcionan.
El primero es la financiación. La caja que generan el comercio electrónico y la publicidad paga el CAPEX de la nube sin necesidad de endeudarse sobremanera. Una AWS independiente tendría que financiar 200.000 millones, y eso afectaría a su margen financiero y a su calificación crediticia.
El segundo es el banco de pruebas: Trainium y Graviton se estrenan en las cargas de trabajo del propio retail de Amazon antes de venderse a nadie, y el Prime Day es probablemente el mayor test de estrés informático del planeta, además de gratis.
El tercero son los datos. La infraestructura y los modelos de AWS son lo que mueve las recomendaciones del marketplace, la planificación logística y la colocación de anuncios. Separar las piezas dejaría a las dos mitades peor de lo que están juntas.
Amazon: comercio, nube, publicidad e inteligencia artificial
En resumen, nos encontramos con una compañía con una fuerte diversificación de negocios, donde es líder en comercio electrónico, líder en nube y uno de los jugadores más importantes en publicidad. Tiene fuertes crecimientos, que se apalancan también en nuevos negocios como Amazon Leo, que compite contra Starlink, y se encuentra a unas valoraciones que, a nuestro parecer, no muestran todo el potencial de la compañía.