La Reserva Federal finalmente ha bajado los tipos en 25 puntos básicos, cumpliendo con lo que el mercado ya había descontado desde hace semanas. El movimiento, acompañado de la previsión de dos recortes adicionales en lo que queda de año, refleja la creciente preocupación de Powell y su equipo por un mercado laboral que empieza a mostrar signos de debilidad. Sin embargo, la reacción de los mercados de riesgo ha sido tibia: cuando la Fed se limita a cumplir las expectativas, su capacidad de sorpresa e impacto se reduce, y eso se ha reflejado en un bitcoin prácticamente inmóvil tras la decisión.
El foco de atención se ha desplazado hacia la SEC, que ha abierto la puerta a una nueva ola de productos cotizados vinculados a criptoactivos. El visto bueno al ETP multiactivo de Grayscale (con exposición a bitcoin, ethereum, XRP, solana y cardano) ha impulsado a estos últimos con subidas de entre el 4% y el 5%. Incluso Dogecoin ha estrenado su propio ETF, un hito curioso para un activo que muchos consideran sin propósito real pero que ahora se lista en un mercado regulado bajo el ticker DOJE.
Mientras la Fed recorta, Estados Unidos sigue jugando con ventaja respecto al resto de jurisdicciones. El dilema es claro: para mantener su soberanía monetaria y controlar la inflación, solo tenía dos opciones, gastar menos o emitir más deuda, incluso a menor interés. Y lo cierto es que lo está logrando gracias a un aliado inesperado: las stablecoins. La aprobación del Genius Act ha consolidado su papel dentro del sistema financiero y ahora hasta Tether prepara el lanzamiento de USAT, una stablecoin diseñada específicamente para el mercado estadounidense con la participación de actores como Anchorage Digital y Cantor Fitzgerald. El Tesoro calcula que este auge puede disparar la demanda de deuda pública estadounidense, reforzando así la posición global del dólar.
No todos los países comparten esta visión. El Banco de Inglaterra ha optado por limitar la tenencia de stablecoins (entre 10.000 y 20.000 libras para individuos y 10 millones para empresas), una decisión que ha provocado críticas inmediatas por parte de la industria, que la considera un freno innecesario para la innovación y la competitividad de la City.
En paralelo, Coinbase ha sorprendido al admitir que estudia la posibilidad de lanzar un token propio para Base, su red de capa 2 sobre Ethereum. La compañía había descartado esta idea en repetidas ocasiones, pero el nuevo clima regulatorio en EE. UU. le abre la puerta a un movimiento que podría aportar más valor al ecosistema de desarrolladores y usuarios de la red.
No todo son avances. Nakamoto, la empresa que aspira a convertirse en el “nuevo MicroStrategy”, ha sufrido un colapso bursátil histórico, con su acción cayendo un 95% desde los máximos de mayo, hasta el punto de que su capitalización se sitúa por debajo del valor de los bitcoin que posee en balance. Una señal de advertencia de los riesgos de construir un modelo de negocio excesivamente apalancado sobre la volatilidad del mercado cripto.
En conjunto, la semana deja un mensaje claro: la política monetaria pierde fuerza como catalizador inmediato, mientras que la regulación y la innovación en torno a los productos cripto y las stablecoins son ahora los motores que marcan el pulso del sector.