La Reserva Federal ha puesto fin a su programa de supervisión especial sobre bancos con exposición a cripto y tecnología financiera, una iniciativa lanzada durante la administración Biden para vigilar las denominadas “actividades novedosas”. El organismo explicó que, tras haber reforzado su entendimiento sobre riesgos y prácticas de gestión en el sector, retomará el seguimiento de estas actividades bajo los procesos ordinarios de supervisión bancaria. La decisión encaja con la línea de la actual administración Trump, que desde su regreso a la Casa Blanca ha buscado revertir el endurecimiento regulatorio apodado “Operation Choke Point 2.0” por parte de la industria. De hecho, en abril la Fed ya había retirado directrices que desincentivaban la participación bancaria en criptomonedas y stablecoins, mientras que la SEC, bajo el liderazgo de Paul Atkins, lanzó “Project Crypto” para atraer de nuevo a empresas al mercado estadounidense.
En el plano de mercado, bitcoin sigue bajo presión tras perder la tendencia alcista iniciada en los mínimos de abril, mientras que la oferta de stablecoins ha alcanzado los 160.000 millones de dólares, un 20% más desde febrero, con 32.000 millones depositados directamente en exchanges.
Estos flujos refuerzan el papel de las stablecoins como liquidez disponible en el ecosistema, incluso en momentos de consolidación del precio de BTC.
El frente corporativo tampoco está exento de debate. Strategy, la compañía pionera en tesorería bitcoin liderada por Michael Saylor, ha flexibilizado su guía de emisión de acciones, permitiéndose ampliar capital con múltiplos de valoración más bajos que los prometidos previamente. La medida busca mayor margen de maniobra en la gestión de mercado, aunque ha generado críticas por un potencial “doom loop” que obligaría a vender BTC en caso de presión sobre el valor bursátil. Pese a ello, algunos analistas confían en que Strategy pueda ser incluida en el S&P 500 próximamente, lo que daría exposición masiva a bitcoin a través de fondos de pensiones y planes de ahorro estadounidenses.
Mientras tanto, el debate sobre el ciclo de bitcoin se intensifica tras la corrección desde el último máximo histórico de 124.000 dólares. Sin embargo, los datos sugieren que el mercado alcista sigue intacto. Ninguno de los 30 indicadores de techo de mercado de CoinGlass se ha activado y la estacionalidad apunta a que septiembre suele ser un mes de enfriamiento en años alcistas, antes de repuntes en octubre y noviembre.
Además, métricas on-chain reflejan que, por primera vez tras el halving de 2024, la oferta “antigua” (BTC retenido durante más de 10 años) crece a un ritmo superior al de nuevas emisiones, señal de fuerte convicción de los holders de largo plazo. Este comportamiento, junto a la reducción de la volatilidad típica de fases más maduras, sugiere que estamos ante una consolidación estructural más que el fin del ciclo.
En definitiva, el panorama cripto combina tres fuerzas: un entorno regulatorio estadounidense en plena transformación, una narrativa respaldada por evidencias empíricas que confirman la utilidad del sector, y una dinámica de mercado que apunta a maduración y resiliencia, más allá de las oscilaciones de corto plazo.