La semana cripto ha estado marcada por una combinación explosiva de política monetaria, regulación favorable y movimientos corporativos que consolidan el papel de bitcoin y los activos digitales en las finanzas tradicionales. Tras un flojo dato de empleo en EE.UU., el mercado descuenta con un 93% de probabilidad un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal en septiembre. Con ello, el apetito por riesgo resurge, y bitcoin se estabiliza por encima de los 115.000 dólares mientras el oro y las acciones también reaccionan al alza. Sin embargo, lo que más sorprende no es el precio, sino la calma: la volatilidad implícita de BTC ha caído a niveles no vistos desde 2023, en plena subida alcista. Algunos apuntan a la proliferación de estrategias estructuradas de opciones como responsables del fenómeno.
En paralelo, el presidente Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva histórica que permitirá incluir criptoactivos en los planes de jubilación 401(k). Se trata de un cambio potencialmente estructural: con más de 44 billones de dólares en estos vehículos, basta una asignación mínima para provocar entradas masivas en bitcoin y ether. El movimiento ha sido recibido con entusiasmo por el mercado, que interpreta esta apertura como una señal de que cripto deja definitivamente de ser una clase marginal para convertirse en opción institucional. La orden también prohíbe el “debanking” por razones ideológicas, garantizando acceso bancario a empresas cripto. Todo ello en una semana en la que la SEC ha confirmado que ciertas actividades de staking no constituyen oferta de valores, facilitando la aprobación de ETFs de ether con staking incluido.
La actividad corporativa no se queda atrás: Coinbase ha aumentado su emisión de deuda convertible de 2.000 a 2.600 millones de dólares, aunque sin confirmar que ese capital se destine a comprar bitcoin. Mientras, nuevas empresas como Nakamoto, creada por el editor de Bitcoin Magazine, planean adquirir casi 1.000 millones en BTC para sus balances. Con tanta saturación quizá hayamos alcanzado el pico de empresas tesoreras cripto, y que ahora el foco está en ver cuáles de ellas sobreviven y escalan.
En el plano legal, el desarrollador de Tornado Cash, Roman Storm, ha sido declarado culpable de operar un negocio de transmisión de dinero sin licencia, aunque el jurado no alcanzó un veredicto sobre los cargos más graves de lavado de dinero y evasión de sanciones. La comunidad cripto sigue viendo este caso como clave para el futuro de la innovación en software financiero.
Por último, James Howells (conocido por haber perdido un disco duro con 8.000 BTC) abandona su búsqueda y planea lanzar un protocolo DeFi llamado ceiniog, basado en la tokenización de la propiedad legal de sus bitcoins perdidos. Su visión: convertir el vertedero donde yace su disco en una especie de "bóveda inviolable" que respalde una nueva capa de pagos sobre bitcoin.
Con la política, la regulación y los flujos institucionales alineados, el segundo semestre de 2025 apunta a ser un periodo de consolidación definitiva para los activos digitales como infraestructura financiera de primer orden.