Opinión

Primeras fisuras en la 'bidenomics' ante la gran semana de las tecnológicas

Juan Carlos Ureta

Presidente Ejecutivo


La previsión que adelantábamos la semana pasada de unas Bolsas entrando en fase de descanso y de recogida de beneficios se ha cumplido, pero las ligeras correcciones de los principales índices estos últimos días no parecen implicar, de momento, un cambio significativo en la visión optimista de los inversores y en su clara preferencia por el riesgo.

El Dow Jones y el Eurostoxx se han dejado medio punto porcentual en la semana, el Dax alemán un 1,2% y el Nikkei un 2,2%, pero otros índices han estado planos o casi planos (el S&P ha caído solo un 0,1%, el Nasdaq el 0,25%, nuestro Ibex se ha quedado plano y el MSCI de Bolsas emergentes ha subido un 0,3% en dólares). Y otros han subido, como el Shanghai Composite, que venía comportándose comparativamente peor las últimas semanas, y que ha subido un 1,4% la semana pasada y se sitúa de nuevo en números negros en lo que va de año.

La evolución general de los índices podría dar la impresión de una semana anodina y carente de atractivo, pero la realidad es que ha sido una semana interesantísima.

En primer lugar, hemos visto las primeras dudas de los mercados ante la política económica del nuevo presidente americano, la llamada "bidenomics". Hasta ahora la idea de unos estímulos fiscales ilimitados, con financiación a cargo de la Fed, había sido recibida sin reservas por los inversores. La aplicación por Biden y Yellen de la "moderna teoría monetaria" (MMT), que invita a los Gobiernos a gastar y endeudarse sin límite, y a los Bancos Centrales a financiar todo ese endeudamiento público, afirmando que no generará ni inflación ni subidas de tipos de interés, ha provocado un claro entusiasmo en las Bolsas.

El pasado jueves, sin embargo, Wall Street empezó a ser consciente del lado negativo de esas políticas, cuando se conoció el proyecto de Biden de subir fuertemente el impuesto sobre las ganancias de capital. Los impuestos son la otra cara del modelo de "big government" y no gustan a Wall Street. Por eso el recorte de los índices americanos fue inmediato, si bien el viernes por la tarde, en la sesión de cierre semanal, la filtración de que la subida impositiva podría no ser tan drástica dio lugar a un giro al alza en los índices americanos que compensó en gran medida las pérdidas del día anterior.

Los resultados empresariales también han dejado alguna lectura interesante. En general están siendo muy buenos, y más del 80% de las compañías que han presentado sus cifras han superado las estimaciones del consenso. Pero, como ya se había visto la semana anterior con los resultados de los Bancos americanos, la reacción de la cotización a esas buenas noticias está siendo más bien fría. El motivo es que las Bolsas han descontado un escenario perfecto ("priced for perfection") y tras las fuertes subidas de los últimos meses, los buenos números ya están recogidos en las cotizaciones y no hay efecto "sorpresa".

El pasado martes se vio muy claramente en el caso de Netflix, que tras anunciar al cierre del mercado que había duplicado su beneficio en el primer trimestre y que sus ingresos habían subido más de un 20% en relación con el año anterior, vio cómo su cotización caía con fuerza (llegó a perder el 13%) en el mercado fuera de hora "after hours". El motivo era la pobre evolución de las suscripciones, que le impidieron alcanzar los 210 millones de abonados. Todo un aviso para otras tecnológicas cuyas cotizaciones también reflejan expectativas muy ambiciosas.

El tercer foco de interés de la semana ha estado en los criptoactivos. El bitcoin, que hace poco cotizaba a 65.000 dólares ha perdido los 50.000 dólares, y el dogecoin, la criptodivisa favorita de Elon Musk, ha recortado desde 0,45 dólares hasta 0,24 dólares en pocos días. La idea de que estamos ante una burbuja se extiende cada vez más y el pasado viernes Nassim Taleb, el famoso autor de "El cisne negro" afirmaba en una entrevista que el bitcoin es un truco de magia, un gigantesco esquema Ponzi. Es decir, sus alzas solo se basan en la creencia irracional de muchos inversores de que va a seguir subiendo sin límite, la misma creencia que ha estado detrás de todas las burbujas, desde los tulipanes a la burbuja inmobiliaria de 2008.

En cierto modo ese mismo esquema mental es el que está detrás de las políticas monetarias ultraexpansivas de los Bancos Centrales y del modelo que se trata de aplicar al conjunto de la economía. La idea es que si transmites confianza y todos creen que el modelo va a funcionar, al final el modelo funciona. El Gobernador del Banco de Japón, Kuroda, lo decía gráficamente en Sintra en junio de 2015: hay que ser como Peter Pan, y si crees que puedes volar, vuelas. Por tanto, decía Kuroda, todo lo que necesitamos es una confianza plena en que los tipos cero y las inyecciones de liquidez (QE) van a funcionar. Ahora, con el modelo de Biden y Yellen, el consenso es que hay que aplicar dosis cada vez mayores de esa combinación (estímulos monetarios y fiscales) hasta que funcionen. Ojalá no se equivoquen.

Entramos en una semana importante. Un tercio de las empresas del S&P reportan sus resultados, entre ellas nada más y nada menos que las cinco grandes: Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet y Facebook. También lo hace Tesla, que se ha convertido en un indicador del apetito por el riesgo similar al bitcoin. Además, se reúne la Fed el martes y miércoles, y el viernes se publica el deflactor del PIB, que es la medida de inflación preferida por la Fed. Por otro lado, Biden/Yellen deberán decir algo sobre las subidas de impuestos proyectadas. En Europa se publica el PIB del primer trimestre, que podría meter a la zona en una segunda recesión en sentido técnico.

A medida que avanza el 2021 la sensación es que, por un lado, hay un proceso muy potente de transformación positiva de la economía, cuyo trasfondo es la revolución tecnológica y cuyo objetivo es avanzar hacia una economía más verde, digital y sostenible. Pero, por otro lado, se van acumulando desequilibrios en el sistema y va creciendo de forma alarmante la deuda, bajo la cobertura académica de la "moderna teoría monetaria" (MMT) y con el beneplácito de todas las burocracias y de todos los políticos, sean del signo que sean.

La sensación es, también, que la liquidez que genera esa enorme deuda está provocando disfunciones en los mercados, como, por ejemplo, los casos de Greensill, Gamestop, Archegos, o como, potencialmente, un eventual desplome del bitcoin, de los NFTs o de los criptoactivos en general. Son situaciones que pueden ocurrir o no, pero que amenazan la estabilidad financiera.

Lo interesante de la tercera semana de abril ha sido que la preocupación por el modelo MMT de Biden y Yellen ha aparecido. Lo más interesante de esta cuarta y última semana de abril será comprobar si esas preocupaciones van a más o si por el contrario los buenos resultados, en particular de las "big five" (Microsoft, Amazon, Apple, Alphabet y Facebook) hacen que los inversores las olviden y vuelvan a la euforia.

Juan Carlos Ureta Domingo
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