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La política añade tensión a las Bolsas

JUAN CARLOS URETA DOMINGO - Presidente Ejecutivo
30 septiembre 2019
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Aunque el factor político ha estado presente, con mayor o menor intensidad, a lo largo de todo el verano en los mercados, y aunque sin duda los inversores han tenido que lidiar con inquietudes como el Brexit, la cambiante situación de Italia, el previsible retorno del peronismo en Argentina, la tensión entre Irán y Arabia Saudita, o la ya larga guerra entre China y Estados Unidos, no cabe duda de que la decisión de la presidenta del Congreso americano, Nancy Pelosi, de iniciar un proceso de 'impeachment' contra el presidente Trump, añade una tensión adicional a las Bolsas, sobre todo a las americanas.

Basta recordar que cuando Trump fue elegido en noviembre de 2016, hace ahora tres años, el S&P estaba en 2.200 puntos. Es decir, con Trump ha subido más de un 30%, por tanto, sea o no verdad, como pretende Trump, que las Bolsas americanas han subido gracias a él, lo cierto es que el 'impeachment', aunque no prospere, va a generar incertidumbre.

Pero no solo en Estados Unidos ha subido la tensión, también en Europa hay mar de fondo a raíz de las decisiones del BCE en su última reunión. En Alemania el escenario de tipos bajos durante largos años ("lower for longer") y la vuelta al programa de compra de bonos, que en 2011 ya provocó la dimisión del entonces economista jefe del BCE, Jürgen Stark, ha suscitado un enorme rechazo. La consejera alemana del BCE, Sabine Lautenschláger, dimitió el pasado miércoles y la propia Angela Merkel, hasta ahora defensora a ultranza de las políticas de Mario Draghi, dijo el viernes en Fráncfort que la política monetaria no tiene mucho más recorrido y que no se debe obligar al BCE a "sobrepasar sus propias fuerzas".

Estas manifestaciones se producen tras las críticas abiertas de Jens Weidman, el presidente del Bundesbank, y de los gobernadores de Francia, Holanda y Austria a las últimas medidas del BCE, en un entorno de creciente hostilidad de la opinión pública y los medios alemanes hacia el BCE de Mario Draghi y hacia la política de dinero barato y deuda creciente que él simboliza. Una hostilidad que se ha agravado al anunciarse que una buena parte de los pequeños Bancos alemanes, que lo están pasando realmente mal, empezarán a cobrar a los ahorradores por sus depósitos.

Como decía la propia Merkel el pasado viernes, la política del BCE "ya está afectando a las personas y se percibe de manera muy diferente en Portugal y Grecia que en Alemania". Aunque Merkel se cuidó mucho de no mencionar a Italia o a España en su palabras, parece obvio que la brecha entre los grandes países beneficiados por el dinero barato del BCE (léase los endeudados) y los perjudicados (léase sobre todo los ahorradores alemanes, que no entienden que tengan que pagar por sus ahorros) se está agrandando y se está incubando un conflicto cuyo impacto desestabilizador sobre la zona euro podría ser mucho mayor que el que han tenido los episodios de Grecia, Italia, Portugal o España en el pasado.

Sin embargo, de momento, ni el 'impeachment' ni la contestación alemana al BCE han tenido un impacto apreciable en las Bolsas. Los inversores han seguido moviéndose al son de los datos económicos, las declaraciones de miembros de los Bancos Centrales y la evolución del contencioso entre China y Estados Unidos, y al final la semana se ha saldado con caídas en general moderadas. El Eurostoxx y el Dax han caído un 0,7% en la semana, el Nikkei un 0,9%, el Dow Jones un 0,4% y el S&P el 1%. Las tecnológicas han caído más, tras el fiasco de WeWork y tras el mal inicio en Bolsa de Peloton, y el Nasdaq ha perdido un 2,2% en la semana. Por contra, nuestro Ibex se ha mantenido plano en la semana, gracias al sesgo defensivo de sus principales valores.

Estas caídas de la última semana no van a impedir a las Bolsas cerrar un gran mes de septiembre. A falta de una sesión para terminar el mes, las Bolsas europeas acumulan desde el 1 de septiembre ganancias superiores al 5% para el Eurostoxx, el Dax y el Ibex, el Dow Jones sube el 4% en el mes, el S&P el 3,2% y el Nikkei el 7%. A destacar también en el mes el peor comportamiento del Nasdaq, que ya en agosto se comportó peor que el S&P y que en septiembre solo sube un 1,4%.

Si analizamos globalmente lo que ha pasado en agosto y septiembre, nos quedamos con dos ideas.

La primera es que el S&P ha topado, una vez más, con la barrera de los tres mil puntos, que no logra franquear de forma estable. Es cierto que el S&P ha traspasado al alza esos tres mil puntos en varias ocasiones, la última tan solo hace unos días, pero lo ha hecho sin fuerza como para mantenerse con comodidad por encima de esa cota. Siempre ha habido algún obstáculo, y el último fue la retirada temprana de los negociadores chinos a su país, que dio al traste con los intentos del S&P de superar su máximo histórico de todos los tiempos situado en 3.025 puntos. El S&P estuvo muy cerca de ese nivel en la sesión del jueves 19 de septiembre, pero no pudo mantenerse.

La segunda idea es que las tecnológicas, que han liderado las subidas desde 2017, pueden estar perdiendo su papel de liderazgo bursátil, sin que de momento haya ningún sector que tome el relevo. Como ya hemos dicho, el Nasdaq se ha comportado peor que el S&P y el Dow en agosto y septiembre, pero lo que más nos llama la atención es lo que está pasando con las salidas a Bolsa de las tecnológicas. WeWork directamente no ha podido salir, en medio de dudas sobre su valoración y sobre la actuación de su controvertido CEO, Adam Newman, que finalmente ha sido relevado en sus funciones. También ha cancelado su salida Endeavor, Group, una compañía muy vinculada al mundo de Hollywood, pero de corte tecnológico. Otras como Lyft, Uber o, hace pocos días, Peloton, han sacado adelante sus IPOs, pero arrastran pérdidas notables desde sus respectivos estrenos bursátiles. La sensación general es que tal vez habíamos asistido a una excesiva valoración de las compañías tecnológicas en sus sucesivas rondas de financiación en los mercados de "private equity" y esa hipervaloración se está corrigiendo ahora de forma clara, al estar el mercado menos eufórico con las nuevas tecnológicas.

¿Cómo incide el 'impeachment' en todo esto? En principio, el proceso de 'impeachment' en sí mismo no tendría por qué afectar de forma directa a las Bolsas. Pero es previsible que Trump reaccione ante la apertura de un procedimiento que sin duda le es incómodo, y la clave está en ver como es la reacción del actual presidente americano. Ver si opta por introducir "ruido" y presión en el sistema, o si por el contrario decide una estrategia de defensa más "ortodoxa" y pausada, al estilo de lo que hizo Clinton. Trump tiende a lo primero, a las decisiones agresivas y muchas veces poco meditadas, como se vio el pasado viernes, cuando anunció que se puede llegar a limitar o incluso prohibir la inversión de capitales americanos en empresas chinas. Fuentes de La Casa Blanca han desmentido durante el fin de semana que esta medida se vaya a tomar, pero, es un indicador de que Trump puede tender, mientras dure el 'impeachment', a adoptar posiciones "fuertes" para reafirmarse más ante su electorado. Una actitud que en general no gusta demasiado a los inversores.

Adicionalmente, los inversores se han vuelto más cautelosos, en parte respondiendo a esa incertidumbre política, pero en parte también por las noticias económicas y empresariales que van llegando. La quiebra de Thomas Cook el pasado miércoles, las tensiones en los mercados de "repos" americanos, que a pesar de obedecer a factores puntuales denotan también problemas de fondo en la distribución de la liquidez, o la lectura definitiva del PIB americano del segundo trimestre, que arroja un crecimiento del 2% frente al 3,1% del primer trimestre, son factores de inquietud, y también lo es el que la curva de tipos entre tres meses y diez años siga invertida.

La caída del bitcoin de más de un 20% en las últimas sesiones también es otro indicador de que el apetito por el riesgo ha bajado, igual que ha bajado la confianza del consumidor americano medida por la Conference Board, que se publicó el pasado martes y dio una cifra de 125,1 frente a 134,2 esperado. Son señales, en definitiva, de cierto declive del optimismo reinante hasta el pasado julio, cuando los inversores celebraban la vuelta de los banqueros centrales a las políticas de liquidez abundante y barata, y cuando se alejaban los vientos de una posible recesión.

En medio de esas señales lo normal es, a nuestro juicio, que el proceso de 'impeachment' de Trump, unido a todos los demás riesgos políticos (tensión chino-americana, Irán, Brexit, Argentina, zona euro...) añadan más volatilidad en esta última parte del año, aunque es difícil saber si esa volatilidad va a limitarse, como pasó en la primera quincena de agosto, a una pequeña tormenta pasajera, o va a ir más allá, recordando al caótico fin de año del 2018.

El que sea de una u otra forma va a depender en buena parte de los resultados empresariales y de los datos económicos. Para los primeros habrá que esperar a la semana que viene que es cuando se empiezan a publicar, y para los segundos la fecha clave es, a nuestro juicio, el 18 de octubre, día en el que se publica el PIB chino del tercer trimestre.

Pero esta semana tenemos ya datos como los PMIs de China, Europa y EE.UU. y el informe de empleo americano de septiembre que se publica el próximo viernes. Todos esos datos empezarán a marcar la dirección de las Bolsas en el final de un año que por el momento está siendo un gran año en lo que a las Bolsas se refiere.


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