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La Fed contagia su angustia al mercado

JUAN CARLOS URETA DOMINGO - Presidente Ejecutivo
24 diciembre 2018
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La combinación de una torpe comunicación de la Fed, de una sensación cada vez mayor de desaceleración económica global y de un ambiente político caótico en Washington, con la amenaza de shutdown y la dimisión del Secretario de Defensa Jim Mattis, a quien muchos consideraban el vigilante de las posibles locuras de Trump, como últimos episodios de esa comedia de enredo en la que se ha convertido la Casa Blanca, ha dado como resultado la peor semana vivida en Wall Street desde agosto de 2011.

El Dow Jones ha tenido su peor caída semanal desde octubre de 2008, el Nasdaq y el Russell han entrado ya en situación técnica "bajista" tras caer más de un 20% desde sus máximos, y el S&P está muy cerca de esa situación, ya que acumula una caída del 17,8% desde sus máximos del pasado septiembre. Tanto el Dow Jones como el S&P van camino de sufrir su peor diciembre desde 1931, en plena Gran Depresión.

Aparte de los tres factores mencionados (Fed, sensación de desaceleración y ambiente político en Washington) ha habido noticias concretas en la semana que han contribuido a complicar aún más el fin de año en los mercados. La balanza comercial japonesa de noviembre, que se publicó el pasado miércoles, arrojó un déficit importante, que contrasta con el superávit del mismo mes del pasado año, un mal dato que habría sido precedido el martes por la rebaja de la previsión de crecimiento del Gobierno japonés de siete décimas, desde el 1,5% al 0,8%. Parece claro que la guerra de aranceles está empezando a pasar factura al crecimiento, pero lo peor es que esa guerra comercial ha mutado ya en guerra tecnológica entre EE.UU. y China, y esta pasada semana ha escalado un poco más, al acusar la Administración norteamericana a China de estar detrás de los ciberataques que viene sufriendo Occidente.

El resultado final es que el S&P y el Dow han perdido un 7% en la semana y el Nasdaq y el Russell (índice de compañías medianas y pequeñas) un 8,4%. En el año el S&P y el Dow caen más de un 9%, y el Russell un 13,2%. El Nikkei japonés también ha caído con fuerza en la semana, un 5,7% acumulando ya en el año un descenso del 11,4%. Esta vez las Bolsas europeas se han comportado mejor (Eurostoxx -3% en la semana, Dax -2,1%, Ibex -3,7%), pero ello no las libra de acumular fortísimas caídas anuales, del 17,7% para el Dax, del 15% para nuestro Ibex y del 14,3% para el Eurostoxx. Por su lado, las Bolsas emergentes esta semana han sido las menos malas, con una caída del MSCI Emerging Markets del 1,5%, que lleva la caída acumulada en el año al -17,4%.

Podríamos simplificar diciendo que las subidas de tipos de la Fed, en concreto la novena subida que decidió el pasado miércoles, son las culpables de esta debacle bursátil y de que los índices americanos hayan vuelto a sus niveles de hace diecisiete meses, pero eso sería solo una parte de la verdad. Es cierto que Jerome Powell no estuvo afortunado en sus palabras, pero no es menos cierto que intentó trasladar un mensaje suave, y de hecho el viernes la Fed insistió en reducir la tensión. Efectivamente, a la apertura de la sesión, las Bolsas se animaron tras unas declaraciones de John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York diciendo que la Fed podría revisar su política de subidas de tipos y de reducción de balance en 2019 si la economía se debilita. Lamentablemente, el efecto de esas palabras duró poco y los índices se fueron deslizando a la baja tras afirmar Peter Navarro, el asesor de Trump, que tras la tregua de los noventa días en la guerra comercial acordada en el G20 de Buenos Aires será difícil que pueda alcanzarse un acuerdo digno de tal nombre. La caída se aceleró al final de la sesión ante la amenaza de "cierre" (shutdown) de la Administración norteamericana por falta de acuerdo entre demócratas y republicanos sobre los Presupuestos.

¿Qué está pasando en las Bolsas americanas?

Tal vez para responder a esa pregunta hay que mirar a otros mercados que nos indican falta de confianza en el crecimiento económico, como el petróleo, que ha bajado un 10% esta semana y está en mínimos del último año y medio (los futuros del WTI están en 46 dólares) o los bonos, con los tipos de interés bajando (el T bond cerró el viernes a un tipo de interés del 2,78%) o el del oro. Si fuese cierto, como decía la Fed hasta hace poco, que la economía americana está lanzada, el petróleo baja y los tipos de interés de largo plazo no bajarían, más bien subirían.

Además, para responder a la pregunta hay que mirar también no a lo que hizo la Fed (subir tipos) sino a lo que dijo Powell en la rueda de prensa.

¿Qué es lo que dijo Powell que gustó tan poco a los inversores? A nuestro juicio claramente lo que alarmó a los inversores fue el tono tan negativo que transmitió Powell sobre el futuro inmediato de la economía norteamericana. Un tono que en algunos momentos llegó a ser angustioso, evidenciando en su lenguaje corporal una preocupación que iba más allá de las palabras y que probablemente puso muy nerviosos a los que lo escucharon. En ese contexto, lo de menos era que rebajase de tres a dos las subidas de tipos previstas para el año que viene, lo importante era el motivo por el que lo hacía, a saber, que se ven nubarrones en el horizonte. Es justo lo contrario a ese escenario idílico del "goldilokcs" que muchos predicaban a principios de año. No es una economía que crece con inflación baja y tipos bajos. Es más bien una economía débil con tipos subiendo. Una combinación que no gusta a los inversores.

En estos comentarios hemos insistido reiteradamente en la dificultad enorme para los Bancos Centrales de conseguir el justo equilibrio en la normalización monetaria, y asimismo hemos insistido también en la enorme dificultad de comunicar esa normalización monetaria a los mercados sin provocar turbulencias. Pues bien, a principios de este año la Fed vendió un claro mensaje de fortaleza de la economía norteamericana, y en base a esa presunta fortaleza anunció a bombo y platillo un programa muy ambicioso de subidas de los tipos de interés. Si ahora la Fed tiene que dar marcha atrás porque la economía no está tan fuerte, es obvio que la fiabilidad de la Fed queda bastante en entredicho.

Las Bolsas y los restantes mercados, empezando por el de crédito, están metidas de lleno en un proceso de ajuste de valoraciones, que es consecuencia inevitable y necesaria de la normalización de las condiciones monetarias y del fin del ciclo de crecimiento económico basado en la acumulación de deuda. Ese proceso de ajuste de valoraciones está más avanzado en Europa y menos en EE.UU, pero va a llevar algún tiempo, en nuestra opinión. Nadie sabe el ritmo del ajuste, ni la forma (¿Brusca? ¿Caótica? ¿Ordenada?). Nuestra sensación es que la Fed y los restantes Bancos Centrales han renunciado ya a la idea de evitar ese ajuste de los mercados (al revés, lo desean) y que su esfuerzo se concentra en intentar que el ajuste dañe lo menos posible a la economía real y, para ello, que no genere movimientos muy desordenados en los mercados.

Si esto fuese así, y pensar que es así no deja de ser una conjetura que puede ser totalmente errónea, lo que está pasando en diciembre, un mes en el que el S&P, el Dow y el Nasdaq acumulan caídas de más del 12%, las peores caídas de diciembre desde el año 1931, es ya un "crack a cámara lenta" y supone un serio golpe a la confianza de unos inversores a los que la Fed decía hasta hace muy poco tiempo que la economía norteamericana iba muy bien. Una confianza que la Fed y los restantes Bancos Centrales han logrado construir con mucho esfuerzo y que ha sido la clave de bóveda de la recuperación económica puede verse destruida en un par de meses.

La sensación que dejaron las Bolsas la semana pasada es mala y si continúan las caídas, hay que pensar que el nivel de soporte próximo del S&P está alrededor de los 2.200 puntos, que es el nivel en el que estaba la Bolsa americana cuando Trump ganó las elecciones en noviembre de 2016.

Por tratar de encontrar algún dato positivo esta última semana, el bitcoin ha subido con fuerza, pasando de 3.200 dólares a casi 4.000 y si seguimos la tesis de Jeffrey Gundlach según la cual el bitcoin anticipa la evolución del S&P, ese giro al alza del bitcoin debería llegar al S&P. Pero hay que reconocer que es un argumento alcista, o más bien un consuelo, un poco forzado.

El desastroso cierre del viernes pasado no invita en absoluto a pensar en ese rebote de fin de año, pero las Bolsas americanas, tras tres meses de caídas continuas, están muy sobrevendidas y pese al mal ambiente, no deberíamos sorprendernos si en algún momento hay un giro brusco hacia arriba.


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