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Greenspan y la nueva 'exuberancia irracional'

JUAN CARLOS URETA
07 agosto 2017

Tras unos resultados de Apple mejores de lo esperado, que han ayudado al Dow Jones a batir ocho récords históricos consecutivos y a superar por primera vez en su historia los 22.000 puntos, el viernes pasado, en la sesión de cierre semanal, se produjo el movimiento que habíamos previsto al finalizar nuestro anterior comentario, a saber, una fuerte subida de las Bolsas europeas propiciada por la caída del euro frente al dólar.

El súbito repunte del dólar se debió, presuntamente, al buen dato de empleo en julio en EE.UU., con una creación de puestos de trabajo muy superior a la esperada, y asimismo a las palabras de Gary Cohn, el principal asesor económico de Donald Trump, afirmando que el impuesto de sociedades debería rebajarse en EE.UU. desde el 35% actual hasta niveles del 24%, que es la media de los países de la OCDE. El dólar reaccionó con una subida de casi el 1% respecto al euro, cerrando el viernes a 1,177 dólares por euro tras haber superado a lo largo de la semana los 1,19 dólares por euro, y como consecuencia los índices europeos cerraron la sesión con alzas superiores al uno por ciento.

Al final, la primera semana de agosto ha terminado con subidas para casi todas las Bolsas (Dow +1,2%. Eurostoxx, Dax e Ibex + 1,1%, MSCI de emergentes +0,4%) quedando fuera solo el Nikkei, que no se ha movido, y el Nasdaq, que ha retrocedido un 0,4% en la semana, pese a la sorpresa positiva de los resultados de Apple. Como decíamos la semana pasada, los valores tecnológicos pesan ya un 23% en el S&P y ello ha determinado que la subida del S&P se haya limitado a un simbólico +0,2%.

Pese a estas pequeñas sombras, el escenario de los mercados a principios de agosto no puede ser más brillante. Los ocho récords consecutivos de un Dow Jones ya instalado cómodamente por encima de los 22.000 puntos, han propiciado un ambiente de euforia generalizada, que ha llevado a un comentarista de la cadena americana CNBC a acuñar el pasado viernes un nuevo término que quedará para la posteridad, a saber, el de un "bull market forever" (mercado alcista sin fin).

En medio de ese ambiente festivo, la pasada semana Alan Greenspan alertó de una burbuja en los mercados de bonos próxima, según él, a estallar. En un mundo en el que el lema es que "todo va bien" las palabras de Greenspan suenan un tanto extrañas y recuerdan inevitablemente a aquellas otras que pronunció en 1996 alertando de una "exuberancia irracional" en las Bolsas americanas. Es también inevitable recordar que tras aquella advertencia de Greenspan las Bolsas siguieron subiendo cuatro años más, hasta que en el 2000 estalló la burbuja de las tecnológicas que arrastró al resto de los valores. Y las Bolsas siguieron subiendo, entre otras cosas, por las políticas monetarias laxas promovidas por el propio Greenspan.

El "timing" por tanto es caprichoso, aunque Greenspan, como muchos pensamos, tenga razón. Esto hace que, aun siendo verdad que en el mercado de bonos hay auténticas anomalías como consecuencia de casi una década de intervención monetaria masiva por los Bancos Centrales, esas anomalías pueden prolongarse en el tiempo mucho más allá de lo que sería "racional". Hoy, veintiún años después de que Greenspan hablase de "exuberancia irracional", el tren de la expansión monetaria (QE) ha pasado ya muchas estaciones, y los tipos de interés nominales negativos siguen ahí, aunque menos que hace un año. Esa gasolina alimenta las subidas de la Bolsa sobre todo si los resultados empresariales son buenos.

A corto plazo, y en un horizonte que por el momento se ve bastante despejado, el dólar es el que marca la pauta de las Bolsas y a la vez el dólar depende mucho de lo que haga la Fed. La pregunta relevante es si la Fed va a subir o no tipos en diciembre, por tercera vez en el año. Hoy por hoy el mercado cree mayoritariamente, incluso tras el buen dato de empleo del viernes, que no los subirá, igual que no los ha subido el Banco de Inglaterra el pasado jueves, por seis votos a favor y dos en contra. El hecho de que los salarios por hora en EE.UU. hayan subido en julio tan solo un 2,5% pese a la fortísima creación de empleo apoya a quienes piensan que no habrá una tercera subida de tipos en diciembre.

La idea dominante es que la Fed será muy gradual y por tanto habrá una continuidad del dinero abundante y barato, en una economía que crece sin tensiones de inflación. Una "nueva economía", concepto que ya hemos escuchado en ocasiones anteriores, sin que tengamos que remontarnos al famoso "plateau" de estabilidad que pronosticaba para la economía americana Irving Fisher justo pocos días antes del crash de Wall Street en 1929.

Esta semana hay datos importantes para atisbar el posible rumbo que tome la Fed y por tanto el dólar. Publican resultados varias cadenas minoristas (Macy's, JC Penney, Nordstrom,...) lo cual nos dará un termómetro de cómo está el consumo americano (main street vs wall street), y el viernes se publica el IPC americano de julio, un dato que la Fed sigue muy de cerca. En la zona euro lo que hemos visto la semana pasada es que el IPC subió ligeramente hasta el 1,3% y que el índice de precios a la producción bajó una décima en junio, es decir, no acaba de haber señales claras de que la inflación despegue.

Recogiendo la idea de Greenspan, la subida de tipos y la reducción de los balances de los Bancos Centrales son las claves de las Bolsas en los próximos meses, por su impacto en esa burbuja de los bonos de la que habla el en otros tiempos llamado "maestro", pero, a corto plazo, casi finalizada una temporada de resultados muy aceptable y con un nivel de complacencia casi total entre los inversores, apostaríamos por una segunda semana de agosto tranquila en los mercados, con el dólar tendiendo a repuntar ligeramente, lo que favorecerá a las Bolsas europeas.


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