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El optimismo de la Fed y la crisis de las 'FAANG'

JUAN CARLOS URETA
19 junio 2017

Tal y como era de esperar, la Fed ha sido la protagonista, en lo que a mercados financieros se refiere, de esta última semana. Su decisión de subir, por segunda vez en lo que va de año, los tipos de interés y, sobre todo, los mensajes dados por su presidenta Janet Yellen, en la rueda de prensa posterior a la reunión, sobre la futura reducción del balance retirando liquidez del mercado, han tenido el efecto de provocar, de forma un tanto inesperada, una reacción de las Bolsas muy diferente a las de ocasiones anteriores.

Definitivamente, al menos si creemos lo que dice, la Fed parece decidida a ir desmontando, poco a poco, pero con determinación firme, el andamiaje de las llamadas "políticas monetarias no convencionales" que se pusieron en marcha en 2009 y con más intensidad a partir de 2012 para evitar la Gran Depresión tras la crisis "subprime" y la quiebra de Lehman Brothers.

El problema es que no está claro que sea el momento de eliminar esos estímulos monetarios, por más que hayan pasado ya casi ocho años desde que se iniciaron. Desde luego en la zona euro Mario Draghi dejó claro el pasado día 8 que la economía no permite aún prescindir de las ayudas del BCE. Pero en EE.UU. tampoco los datos acaban de ser buenos. El mismo miércoles pasado, antes de la decisión de la Fed, supimos que el IPC americano anualizado en mayo quedó por debajo del 2%, concretamente en el 1,87%, y si quitamos alimentos y energía, la inflación subyacente quedó en el 1,73% siendo así que el consenso esperaba el 1,9%.

Asimismo las ventas minoristas en EE.UU. de mayo, publicadas también el miércoles pasado, cayeron un 0,3% quedando por debajo de las estimaciones que esperaban una ligera subida mensual del 0,1%. Tampoco fueron buenos los datos de confianza del consumidor conocidos el viernes, tras la decisión de la Fed, una razón más para poner en duda que sea el momento adecuado para subir tipos. La Universidad de Michigan anunció que la confianza de los consumidores descendió hasta 94,5 puntos en junio, frente a la estimación de los analistas de 97,1 puntos.

Pero la Fed no hace caso a todos estos datos porque, dice literalmente, son "temporales", "transitorios". La Fed prefiere seguir los pronósticos, las estimaciones, de sus servicios de análisis, que es uno de los mejores servicios de estudios del mundo, en lugar de dar importancia a los datos que ponen en duda la vitalidad del consumidor americano.

En cierto modo la actitud de la Fed nos recuerda aquella frase del jugador de béisbol y filósofo Yogi Berra que decía: "en teoría la teoría y la práctica coinciden, en la práctica no". Podría suceder que, en esta nueva economía tan diferente y en cierto modo tan extraña que estamos viviendo, el análisis de la Fed no funcionase del todo bien, es decir, que en la práctica sus proyecciones no sean tan "reales" como la Fed piensa.

En todo caso, ni siquiera la propia Fed está siendo muy optimista respeto al futuro de la economía norteamericana. En la reunión del pasado miércoles el banco central americano revisó ligeramente al alza las estimaciones de crecimiento de la economía americana, pero dejándolas para los próximos años solo un poco por encima del 2%, muy lejos del 3% o incluso 4% que ha venido prometiendo el presidente Trump.

Tras la rueda de prensa de Janet Yellen los mercados se movieron muy poco. Lejos de la euforia de otras veces, el tipo de interés de los bonos cayó ligeramente (el T bond cerró la sesión en el 2,14%), el S&P también cayó aunque luego se recuperó al final de la sesión, cayó un poco el oro, y el dólar apenas se movió. Es decir, apenas hubo reacción inmediata. Sin embargo, el jueves vimos serias caídas en todas las Bolsas, con mayor intensidad en las europeas.

Es decir, el lenguaje duro de la Fed y su anuncio de empezar a reducir su balance no gustaron a las Bolsas.

Hay tres cuestiones que nos suscita la actitud de la Fed.

La primera es si la política monetaria dura va a ser sostenible. Los bonos parecen pensar que no y por eso el T bond sigue anclado en el 2,15% desoyendo a la Fed. Por tanto, es dudoso.

La segunda es si los restantes Bancos Centrales van a seguir a la Fed. Deberían hacerlo, y por eso el Banco de Inglaterra el pasado jueves, aunque no subió los tipos, pareció sumarse al nuevo tono "hawkish" pese a que las ventas minoristas de mayo cayeron en Inglaterra el 1,2% frente a una caída esperada del 0,8%. Pese a ello, como decimos, tal vez el hecho de que la inflación esté ya en el 2,9% hizo que tres de los ocho miembros del Consejo del Banco de Inglaterra se mostrasen favorables, el pasado jueves, a subir tipos. El BCE obviamente no quiere seguir a la Fed y además no puede, ya que, entre otras cosas, los bonos del Tesoro americano tienen una demanda global de la que carecen los bonos soberanos europeos y más aún los periféricos. Esto va a complicar mucho la vida al BCE cuando decida reducir balance. Y el Banco de Japón tampoco quiere seguir a la Fed, y de hecho rebajó las estimaciones de crecimiento el pasado viernes. De nuevo, no está claro que BCE y BoJ vayan a seguir a la Fed.

La tercera cuestión conecta con la crisis de las tecnológicas y más en concreto con la caída de las llamadas FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Google). El valor bursátil conjunto de esas compañías más Microsoft ha llegado a sobrepasar los tres billones (trillions) de dólares, y ahora, tras la caída de la última semana, está menos de un 10% por debajo de esa cifra. Hay analistas que piensan que una parte de los más de diez billones (trillions) de dólares inyectados al sistema por los Bancos Centrales (no solo la Fed) estos últimos años, han ido a parar a esas grandes tecnológicas, alimentando su sobrevaloración. Algo parecido a lo que paso en el año 2000 cuando la inyección de liquidez que hizo la Fed para prevenir el llamado "efecto 2000" (Y2K) infló hasta límites increíbles la burbuja de las "punto.com".

Tal vez hay un hilo conductor entre la liquidez inyectada por la Fed y por los restantes Bancos Centrales estos últimos ocho años y la extraordinaria absorción de valor de las grandes tecnológicas, una absorción de valor que ha permitido a Amazon el pasado viernes pagar 13.700 millones de dólares por Whole Foods, igual que hace tres años Facebook pago 18 mil millones de dólares por WhatsApp.

El pasado viernes el Dow Jones cerró en máximos históricos, insensible a la corrección de las tecnológicas y a las fuertes caídas que la compra de Whole Foods por Amazon implicó para los sectores de distribución y consumo masivo. Vamos a ir analizando las repercusiones de medio plazo de los anuncios de la Fed y los cambios que implica esa especie de "destrucción creativa" llamada "disrupción digital" cuyo último episodio es la ya mencionada compra de Whole Foods.

Estamos ante una semana con pocas noticias y muchas comparecencias de miembros de la Fed, pero la publicación de los PMI preliminares de junio nos puede dar alguna luz sobre si es la Fed la que tiene razón o más bien los mercados de bonos.

Seguimos pensando que si la Fed insiste en retirar liquidez y seguir subiendo los tipos, la corrección puede extenderse a otros segmentos del mercado, más allá de las tecnológicas, a medida que avance el verano. Tal y como, de hecho, ha empezado a suceder ya la semana pasada.


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