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Decae el entusiasmo

JUAN CARLOS URETA DOMINGO - Presidente Ejecutivo
21 octubre 2019
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El entusiasmo que había despertado en la sesión del viernes de la semana anterior el encuentro de Trump con el vice primer ministro chino, en el que se anunció la firma parcial de un acuerdo comercial entre ambas potencias, se ha atemperado bastante esta última semana, una semana que en términos bursátiles ha sido bastante tranquila, tal y como habíamos vaticinado al finalizar nuestro último comentario.

Las razones de ese enfriamiento de las expectativas han sido varias. En primer lugar, algunos comentarios hechos por las autoridades chinas el mismo lunes siguiente a la celebración del encuentro, señalando que faltaban por desarrollar algunos detalles antes de firmar el acuerdo del viernes, pusieron de manifiesto, una vez más, que la información que nos llega de las negociaciones comerciales es escasa y poco fiable, al estar muy condicionada por los objetivos de marketing que a cada parte le interesan en cada momento, y muy singularmente por los objetivos de Trump de cara a las elecciones presidenciales de 2020.

La segunda razón para rebajar los ánimos ha sido la constatación de que la economía china se desacelera. Esa desaceleración tuvo un anticipo el lunes pasado, al conocerse que las importaciones chinas habían caído con fuerza en septiembre y las exportaciones también habían caído, aunque más moderadamente, y se confirmó el viernes, cuando se supo que el PIB chino ha subido un 6% en el tercer trimestre, el crecimiento más bajo desde 1992. Ese dato supone una caída respecto al 6,2% del segundo trimestre y confirma que la locomotora del mundo pierde velocidad, a pesar de todos los apoyos monetarios y fiscales que está recibiendo. Es verdad que en parte la caída del comercio exterior puede deberse a la guerra comercial, pero en todo caso es muy dudoso que un acuerdo con Trump pueda alterar la tendencia de fondo a la baja del crecimiento chino.

Tampoco ayudan los datos que se van conociendo de la economía norteamericana y europea. El pasado miércoles se publicaron las ventas minoristas americanas de septiembre, con una caída del -0,3% frente a la subida esperada de +0,3% y el mismo día se supo que la inflación de la zona euro en septiembre ha sido del 0,8%, muy lejos del objetivo oficial de estar por debajo pero cerca del 2% y reflejando una vez más la enorme debilidad de la economía europea.

Pero sin duda la novedad de la semana han sido los resultados empresariales que se empiezan ya a publicar, y es aquí donde la lectura se vuelve un poco más complicada. Los resultados de los grandes Bancos americanos han sido más positivos que negativos. En lo que a Bancos se refiere, las cifras de JP Morgan, Citi, Morgan Stanley y Bank of America han superado expectativas, pero las de Goldman Sachs y Wells Fargo no han agradado al mercado. Hasta ahí todo bastante normal, tal y como viene sucediendo en los últimos trimestres. Sin embargo, en las empresas no financieras la debilidad de la demanda empieza a notarse.

Así, Danone, que publicó sus cifras el viernes y que en principio no dio malos números en lo que a los nueve primeros meses se refiere, vio caer sus acciones un 8,4% en la sesión del viernes tras bajar sus previsiones de facturación para el conjunto del ejercicio. Peor fue el comportamiento de Renault, que cayó en Bolsa un 11,4% el viernes tras prever una caída en sus ingresos del 4% en 2019. La caída de Renault arrastró a otras automovilísticas el mismo viernes y a empresas conectadas como Gestamp o Cie Automotive, aunque hay que decir que en el conjunto de la semana las grandes automovilísticas (Daimler, BMW, Volkswagen...) han subido y el índice sectorial de automóviles ha sido el segundo mejor en la semana, después del de banca. Algo muy llamativo si tenemos en cuenta que el miércoles se supo que las matriculaciones de automóviles en el conjunto del mercado europeo bajaron un 1,6% en los nueve primeros meses del año respecto al año anterior.

Además de los resultados ha habido otras noticias que han afectado a empresas concretas. El viernes Johnson & Johnson veía como sus acciones perdían un 6,2% en la sesión tras haber tenido que retirar una partida de polvos de talco en los que había aparecido amianto, y las acciones de Boeing cayeron igualmente un 6,8% el viernes al ser investigada por las autoridades americanas por sospechas de que pudo haber ocultado información que ponía en duda la seguridad del modelo 737 Max, que ha sufrido varios accidentes.

Son síntomas, en definitiva, de lo frágil y vulnerable que es ese mundo "goldilocks" tan feliz al que los inversores y los mercados se han acostumbrado en los últimos meses.

Pero donde el cambio de sentimiento es tal vez más llamativo es en las tecnológicas. Como es bien sabido, el sector tecnológico y sobre todo las FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, Google, Microsoft) han liderado las alzas bursátiles estos últimos años, siendo, las acciones preferidas por los inversores ("darling stocks"). Pues bien, cada vez hay más síntomas de que eso empieza a cambiar. Un primer aviso fue el mal comportamiento de Uber y Lyft tras su salida a Bolsa, con caídas en ambos casos superiores al 30% desde sus respectivos estrenos bursátiles. Peor fue el caso de Wework que tras haber sido valorado en la última ronda de financiación privada en cuarenta y siete mil millones de dólares no pudo salir a Bolsa ni siquiera a la mitad de precio y se debate ahora entre la suspensión de pagos o el rescate. Igualmente, Beyond Meat, la compañía de las hamburguesas vegetales, que subió de forma espectacular tras salir a cotizar en mayo, pierde ya más de un 50% desde sus máximos de fin de julio.

La semana pasada hemos visto como Netflix, que presentó sus resultados trimestrales el miércoles tras cerrar el mercado, y que subió inicialmente "after hours" al sumar casi siete millones de suscriptores nuevos en el trimestre, más de los previstos, recortó con mucha fuerza el viernes tras analizar el mercado con más detalle sus cifras y ver que los crecimientos esperados para el 2020 van a la baja y que las iniciativas de los competidores, sobre todo Apple y Disney, que han bajado agresivamente sus precios, empiezan a hacer daño a la compañía de streaming al poder desatar una guerra de tarifas.

Lo que nos dice todo lo anterior es que, más allá del Brexit y del acuerdo comercial, el crecimiento de la economía se ralentiza y el entorno competitivo se endurece, y que los inversores empiezan a tener en cuenta ese entorno algo menos complaciente tras nueve meses en los que las grandes Bolsas han subido, en general, casi un 20% y algunas como el Nasdaq o el Mib, incluso un poco más.

De momento esta última semana, como decíamos al principio, las Bolsas han estado tranquilas (S&P +0,5%, Dow -0,2%, Eurostoxx +0,3%, Ibex +0,6%) con alguna excepción como el Nikkei que ha subido más del 3%. Es bastante llamativo que esa tranquilidad se haya mantenido mientras el FMI rebajaba el crecimiento global y mientras su economista jefa, Gita Gopinath decía el miércoles en la presentación de su informe anual en Washington que las políticas de los Bancos Centrales de tipos bajos han apoyado el crecimiento hasta ahora, pero pueden poner en riesgo el crecimiento a largo plazo y la estabilidad financiera. Y añadía que la deuda con tipos negativos, ahora más de 15 billones (trillions) de dólares, al impulsar a los inversores a aumentar el riesgo, pueden provocar bruscas correcciones en los mercados de activos. Todo un aviso para navegantes

Los inversores, aparentemente, están a la espera de ver más resultados empresariales y a la espera también, seguramente, de escuchar los mensajes del BCE, que se reúne este jueves, y de la Fed, que se reúne la próxima semana.

Esta semana hay muchos resultados empresariales importantes, entre otros los de Amazon, Procter & Gamble, Microsoft, AB Inbev y Boeing. En Europa será especialmente relevante seguir la evolución del Brexit, aunque todo apunta a una nueva prórroga hasta fin de año. Nos atreveríamos también a pensar en una prolongación en el tiempo de las conversaciones entre EE.UU. y China para llegar a un acuerdo comercial, pese a que Trump ha alimentado la expectativa de un acuerdo definitivo a mediados de noviembre, en la cumbre de cooperación de Asia-Pacifico a celebrar en Chile.

Con unos Bancos Centrales que a corto plazo tal vez no aporten demasiadas novedades, con unos inversores insensibles a cualquier advertencia de que las cosas pueden empeorar y con una política general de ir desplazando en el tiempo los temas pendientes, esperaríamos de nuevo una semana de consolidación sobre todo si el Brexit se difiere de nuevo y si los resultados de Amazon y Microsoft son positivos.


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