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China y la prolongación del ciclo

JUAN CARLOS URETA DOMINGO - Presidente Ejecutivo
12 agosto 2019
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Tal y como cabía esperar, y como apuntábamos al finalizar nuestro último comentario, las Bolsas se han estabilizado tras las fuertes caídas de las primeras sesiones de agosto, dejando en el aire la cuestión de si a lo largo de agosto vamos a ver una vuelta a los máximos anuales o si, por el contrario, la corrección de principios de mes es solo la avanzadilla de una corrección más profunda, como la vista el pasado mayo.

En realidad, algunas Bolsas europeas, como la española o la alemana, han llegado ya el pasado lunes a los niveles que habían tocado en mayo, luego la pregunta hay que hacerla más bien respecto a los índices americanos, que se han quedado esta vez en una corrección del entorno del 5% en lugar de las caídas cercanas al 10% que vimos en mayo.

La semana empezó muy mal el lunes en todas las Bolsas, con fuertes descensos en las plazas europeas y con la peor sesión del año en Wall Street. La ruptura a la baja de los 7 yuanes por dólar fue interpretada por los mercados como una respuesta del Gobierno chino a los nuevos aranceles anunciados por Trump, y desató el temor a una guerra de divisas, que sería mala tanto para EE.UU. como para China, y desastrosa para el conjunto de la economía global.

A partir del martes entraron en funcionamiento los esperados mecanismos de estabilización. Una posición más flexible del Gobierno chino, que dio señales de no querer un yuan en caída libre, algunos tuits de Trump alimentando la expectativa de un acuerdo con China, y los comentarios de Charles Evans, presidente de la Fed de Chicago, afirmando en una conferencia que la Fed debería bajar los tipos "al menos" un cuarto de punto más para lograr el objetivo de situar la inflación al 2%, fueron los catalizadores que frenaron las caídas y animaron a los inversores, sobre todo a los americanos. Al final, en la semana las pérdidas del S&P y el Nasdaq se han visto reducidas al entorno del medio punto porcentual y en el Dow al 0,75%.

Como viene pasando de forma ya habitual, las Bolsas americanas se han comportado mejor que las restantes. El Eurostoxx ha caído un 1,3% en la semana, siendo aún mayor el descenso en el caso del Mib italiano (-3,4%), con los bancos italianos muy castigados por la situación política. El Nikkei por su lado ha caído el 1,9%, el Shanghai Composite el 3,2% y el MSCI de Emergentes el 2,2%.

Da la impresión de que los inversores americanos están convencidos de que su economía puede funcionar bien en solitario, una idea que está también detrás de las políticas de Trump. El "make America great again" tiene un alto componente de proteccionismo, como se ha visto desde el inicio de la presidencia de Trump, y la pregunta es si realmente ese planteamiento es válido, o si más bien a lo que va a llevar es a empobrecer tanto al resto del mundo como a la propia América ("make America and the world poor again" en expresión del analista político americano Tom Friedman).

Ese es justamente el temor que subyace en los movimientos de las Bolsas estos días, y por eso cada vez que, como el pasado martes, hay atisbos de un avance en las negociaciones, las Bolsas suben y cada vez que esas esperanzas se desvanecen, como el viernes cuando Trump dijo que "Los Estados Unidos no están listos para cerrar el acuerdo", las Bolsas bajan. Los inversores hacen bien en poner el foco en la solución del conflicto arancelario, ya que es obvio que esa guerra comercial está empezando a pasar factura al crecimiento global y que la factura irá creciendo si hay más subidas de aranceles, pero lamentablemente las cosas no son tan sencillas como para pensar que el acuerdo comercial resolverá todos los problemas pendientes.

Ni el contencioso entre EE.UU. y China se va a terminar cuando se cierre el acuerdo comercial, que al final se cerrará porque hay interés de ambas partes, ni ese contencioso es la única manifestación de proteccionismo en el mundo actual. Baste recordar, por citar ejemplos de actualidad, el Brexit radical que estimula con su atípico estilo Boris Johnson, o el nacionalismo italiano azuzado por ese otro político también peculiar que es Salvini. Ambos temas tienen mucha capacidad de desestabilizar, pero lo realmente negativo es el giro dado a partir de 2016.

El problema es que el nacionalismo va directamente en contra de uno de los pilares del formidable progreso que ha vivido el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, a saber, la libertad de comercio y la apertura de las economías. Desde 2016, año del referéndum del Brexit y de la elección de Trump, hemos visto una clara marcha atrás en esas ideas. Aunque probablemente la vuelta al proteccionismo sea una secuela tardía de la crisis de 2008 y de la sensación de fracaso del modelo "liberal-global", lo cierto es que la llamada "desglobalización" no parece la solución más adecuada a los complejos problemas de la sociedad digital y global del siglo XXI.

Una de las variantes del proteccionismo, que ha asomado esta semana, es la guerra de divisas. La amenaza china de dejar deslizarse al yuan por debajo de siete yuanes dólar, o la bajada de tipos de interés que hicieron el miércoles por la noche por sorpresa los Bancos Centrales de India, Nueva Zelanda y Tailandia, son solo dos muestras de que al final si no hay más remedio los Gobiernos optan por depreciar sus divisas y para ello si hace falta utilizan a los Bancos Centrales.

En este sentido, es bastante inquietante oír a Trump decir, cómo lo hizo hace unos días, que "nuestro problema no es China sino la Fed". Tratar de endosar a la Fed toda la responsabilidad de que la economía norteamericana esté más o menos presentable para las elecciones de 2020, no solo es pedir a la política monetaria más de lo que puede dar, sino que, además, es, en nuestra modesta opinión, un grave error de concepto. Donde nos la jugamos en términos de crecimiento en los próximos años no es en inyectar más dinero barato a los mercados sino en redefinir de forma correcta las reglas de la nueva economía abierta y global. Y en esa definición China, le guste o no a Trump, es una pieza esencial porque la solución al problema del crecimiento económico global no va a venir profundizando en los movimientos proteccionistas y nacionalistas que se iniciaron en 2016, sino acordando las nuevas reglas de la globalización y del comercio internacional, con el nuevo "player" de referencia, que es China y el conjunto de Asia. Cualquier solución al crecimiento global pasa inevitablemente por China y por la relación con China.

Lamentablemente no parece que vayan por ahí las cosas. Lo que está consiguiendo la guerra de aranceles de Trump es que todos crezcamos menos. Son ya muchos los analistas americanos que piensan que la principal razón por la que la economía de EE.UU. no está creciendo más rápido es la política comercial y las disputas del presidente con China. Los aranceles y los límites a las tecnológicas chinas han ralentizado la economía de China, ciertamente, pero los efectos de esa ralentización se han propagado por todo el mundo, y están afectando también a la confianza empresarial de Estados Unidos y a la inversión de capital.

Esto crea una amenaza de recesión global que inquieta a los inversores y que se refleja muy bien en los bonos. El tipo de interés del bono del Tesoro americano a diez años ha llegado al 1,6% los últimos días y el del bund alemán ha hecho su mínimo histórico de todos los tiempos en el -0,6%. En lo relativo al crecimiento, el PIB de Inglaterra ha caído un -0,2% en el segundo trimestre, en la primera contracción desde hace siete años, en 2012. En Francia la producción industrial se ha desplomado un 2,3% en junio. En Alemania en junio las exportaciones han caído un 0,1% sobre julio y las importaciones han subido, suben un 0,5%, más del 0,3% esperado por los analistas. Se mantente el superávit comercial, pero cae con fuerza respecto a 2018.

Son señales ya visibles de una desaceleración global que podría terminar en recesión global, aunque es verdad que esta última semana ha habido también datos positivos como el de Japón, la tercera economía del mundo, creciendo el 1,8% en el segundo trimestre, o como el fuerte crecimiento de las exportaciones chinas en junio.

En cuanto a la economía norteamericana, esta próxima semana se publican las ventas minoristas y la inflación de julio, así como el índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan y el índice de la Fed de Filadelfia (Philly Fed). También se publican los resultados trimestrales de Cisco y de algunas grandes cadenas minoristas como WalMart y Macy's, y de las chinas Alibaba y Tencent. En Europa será clave el PIB alemán del segundo trimestre que se publica el miércoles 14. Todo ello a la espera de las dos fechas relevantes, que son el 19 agosto, fecha límite para que EE.UU. renueve o no el bloqueo a las compañías estadounidenses que suministran a Huawei, y el 22, 23 y 24 de agosto, días en los que tiene lugar la reunión anual de Jackson Hole auspiciada por la Fed.

Volviendo a la pregunta del principio sobre si las Bolsas van a recuperar los máximos anuales en agosto o habrá recortes adicionales, en unos mercados inundados de liquidez, y con unos inversores acostumbrados a que siempre haya rebotes, puede pasar de todo, pero pensamos, aun a riesgo de equivocarnos, que no hay elementos suficientes que soporten una vuelta a los máximos de fin de julio, por lo que más bien deberíamos pensar en más volatilidad para lo que queda de agosto.


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