Brexit a la griega

JESÚS SÁNCHEZ-QUIÑONES
04 julio 2016

Artículo publicado en la revista Tiempo.

Hace ahora un año Grecia sometió a referéndum popular la aceptación de las condiciones impuestas por la Troika para la concesión de un nuevo rescate financiero. La victoria del NO en el referéndum irremediablemente traía consigo la salida de Grecia del euro. Aunque el resultado de la consulta fue un rechazo de las condiciones impuestas, finalmente el parlamento heleno hizo oídos sordos a la voluntad manifestada en las urnas. El gobierno griego firmó el acuerdo con la Troika, y Grecia sigue dentro del euro.

A pesar del triunfo del BREXIT, o la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), en el referéndum del jueves 23 de junio, no existe ninguna seguridad de que finalmente se produzca realmente la salida británica de la UE. Formalmente el referéndum se planteó como consultivo, no vinculante, aunque el actual gobierno se haya comprometido a respetar el resultado del mismo. Por tanto, el triunfo del Brexit no implica que necesariamente éste se tenga que materializar. La diferencia entre los partidarios de la salida y los partidarios de la permanencia apenas ha sido del 51,9% frente al 48,1%. Tanto Escocia como Irlanda del Norte votaron mayoritariamente a favor de la permanencia.

De momento el primer ministro británico ha anunciado su dimisión. En el partido laborista, también existen numerosas presiones para que su líder dimita. No es descartable la convocatoria de elecciones con la presentación de nuevos candidatos en los dos principales partidos.

Para iniciar los trámites de la salida de RU de la UE, el parlamento británico ha de aprobar la decisión. Actualmente el setenta por ciento de los miembros del parlamento británico apoyan la permanencia. Cameron no tiene intención de someter la cuestión a votación hasta después del verano. Es posible que cuando la votación tenga lugar Cameron ya no sea el primer ministro, o incluso se hayan convocado elecciones generales. En su caso el nuevo parlamento puede no sentirse vinculado por la consulta realizada.

En el supuesto de que el parlamento aprobara la solicitud de salida de RU de la UE, el gobierno británico tendría que comunicar al Consejo Europeo su decisión de abandonar la UE. En dicho momento comenzaría un periodo de negociaciones de dos años para determinar los términos de la salida. Dicho plazo se puede prolongar de mutuo acuerdo. Mientras tanto RU seguirá siendo miembro de pleno derecho de la UE con todos los derechos y obligaciones de cualquier miembro. Adicionalmente habría que negociar acuerdos comerciales entre el RU y la UE. Negociaciones que podrían llevar años.

En definitiva, el resultado del referéndum británico ha traído incertidumbre a la UE, tanto económica, política como de mercados financieros. En el mejor de los casos todavía pasarán meses hasta conocer realmente si el Brexit se materializará definitivamente o si por el contrario ha sido un referéndum a la griega. Mientras tanto, las empresas y los inversores tendrán que adoptar decisiones en un entorno incierto, que inevitablemente afectará a la economía.

Al menos la experiencia griega sirve para poner de manifiesto como el resultado de un referéndum no necesariamente es seguido por los gobernantes cuando las consecuencias de implementar la voluntad expresada en las urnas se considera perjudicial para los propios intereses de los votantes. Como hace un año, hasta que definitivamente se tenga certeza de cuál será el camino a seguir por el gobierno británico, la incertidumbre en los mercados será un hecho.



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