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2019, El año bursátil de Trump

JUAN CARLOS URETA DOMINGO - Presidente Ejecutivo
30 diciembre 2019
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A dos sesiones de finalizar el año, y tras una nueva semana de subidas y de récords (el más llamativo de estos últimos días lo ha protagonizado el Nasdaq Composite al superar los 9000 puntos por primera vez en su historia impulsado por valores como Amazon y Tesla), no cabe duda de que si quisiéramos señalar un vencedor del 2019 a nivel bursátil ese ganador sería Donald Trump.

Nos guste o no el actual presidente americano, y es obvio que en Europa no goza de demasiadas simpatías, es obligatorio reconocer que el actual rally de las Bolsas americanas, probablemente el más espectacular que se ha vivido en Wall Street en toda su historia, está en buena medida asociado a Trump. Si alguien tuviese alguna duda, basta recordar que desde su inesperada elección en noviembre de 2016 el S&P ha subido un 50% y que a lo largo de los tres últimos años, que son los de la presidencia de Trump, la subida de las Bolsas americanas ha superado muy ampliamente a la del resto de las Bolsas mundiales.

Esto no quiere decir que las políticas puestas en marcha por Trump nos gusten, o que hayan sido acertadas, o que vayan a funcionar en el largo plazo. La desglobalización emprendida por Trump bajo el lema "America first" , la reflación forzada de la economía generando un gigantesco déficit fiscal y un enorme crecimiento de la deuda del Gobierno federal, la guerra comercial con China, o la presión sobre la Fed para que ponga su política monetaria al servicio de sus intereses electorales, son cargas de profundidad sobre la economía global, que generan riesgos difíciles de evaluar y que podrían tener efectos demoledores sobre la estabilidad y el crecimiento en los próximos años. Muchos de los desequilibrios que dieron lugar a la gran crisis financiera de 2008 se han reproducido incluso con mayor intensidad bajo el mandato de Trump, en lugar de corregirse.

Pero, dicho lo anterior, es forzoso reconocer, como lo hacía esta última semana el premio Nobel de economía Robert Shiller en una entrevista televisiva, que Trump ha sabido manejar los "animal spirits" como ningún otro presidente americano lo había hecho hasta ahora. Ha sabido estimular de forma simultánea a los inversores y a los consumidores americanos, que han comprado el discurso de Trump y han llevado en volandas a la economía y a las Bolsas americanas estos últimos años. Ha sido precisamente Shiller, que es un especialista en la llamada economía del comportamiento el que ha puesto de relieve la importancia de las "narrativas", de los relatos, sobre la marcha de la economía, en su último libro "Narrative Economics". Desde esa óptica no hay duda alguna de que la narrativa del "make America great again" de Trump ha funcionado muy bien en términos bursátiles.

Pero, con el mayor respeto a Shiller, la fuerza del relato no lo es todo. Hay algo tal vez más prosaico y menos intangible, pero mucho más eficaz que la seducción de las palabras, y ese algo es el dinero. Esto es algo que Trump sabe muy bien y por eso, tras un 2018 que estuvo a punto de estropear su "relato" de unas Bolsas alcistas inspiradas en su buen hacer, forzó a la Fed a cambiar su política, en uno de los giros más espectaculares que se han producido en la historia de los Bancos Centrales.

Un giro que no solo ha devuelto la confianza a los inversores sino que la ha reforzado hasta el infinito, instalando la convicción plena de que hay mercado alcista para siempre. Las fuertes caídas de las Bolsas en febrero de 2018 por el temor a la subida de los intereses y en diciembre de 2018 por temor a la recesión han quedado olvidadas, y la fe en los Bancos Centrales es hoy mayor que nunca.

En Europa el BCE ha colaborado de forma muy importante a alimentar esa fe. La nueva bajada de los tipos desde el menos 0,4% al menos 0,5% y la vuelta a la compra de activos a partir del pasado verano han llevado a situaciones tan impensables como que Grecia emitiese letras a tres meses a tipo negativo en octubre, o que el bono alemán a 30 años y el suizo a 50 años se situasen en tipo nominal negativo el pasado agosto, o que el volumen total de bonos con rendimiento nominal negativo haya alcanzado en algún momento de los últimos meses los diecisiete billones (trillions) de dólares, aunque a fin de año esa cifra se haya quedado "solo" en doce billones.

Como decíamos hace una semana, podemos dudar de si esa descomunal "inyección" de dinero (la Fed ha aumentado este año su balance en cuatrocientos mil millones de dólares, el mayor aumento anual jamás visto) va a reactivar la economía, pero de lo que no cabe ninguna duda es de su impacto directísimo en los mercados de activos. El "boom" alcista de los bonos de peor calidad (BBB y CCC) en el mercado americano y la subida de las Bolsas antes mencionada están muy directamente relacionados con esa inyección de dinero, y de eso no hay duda.

Las dudas al empezar el 2020 van por otro lado. La primera duda es saber si va a haber impacto positivo de la nueva ronda de monetización de deuda en la economía real. Quienes piensan que sí dicen que hay que insistir en el "easy money" hasta que surta efecto. La realidad es que a corto plazo la recesión que se temía el pasado año por estas fechas se ha alejado en el tiempo, pero está por ver si la reactivación económica va a coger tracción en el medio plazo. La segunda duda es saber si el mecanismo de más dinero barato y más deuda es adictivo, de forma que haya que ir cada vez a más para mantener la economía y las Bolsas y evitar un "crash" que cada vez sería más preocupante y de mayor dimensión.

Son dos dudas que hoy por hoy no inquietan a nadie. Nadie piensa en "sorpresas" ni en términos de inflación ni en términos de crecimiento, todos se limitan a disfrutar esos "espíritus animales" tan positivos que Trump ha sabido instalar en la mente de los inversores y de los consumidores. Incluso economistas e inversores que hasta hace poco anunciaban una inminente corrección de las Bolsas, como el propio Shiller o como Stanley Druckenmiller, ahora dicen no verla en los próximos meses. Hay cada vez menos gestores que sean negativos con el futuro de las Bolsas en el 2020, aunque en ese campo de los "negativos" se sitúan algunos tan relevantes como Ray Dalio, cuyo historial de aciertos es legendario y que hace dos meses publicó dos artículos diciendo que el mundo está "roto" y que vamos a un cambio claro de escenario hacia peor.

Si pensamos, como Shiller, que Trump es el verdadero motor de la subida de las Bolsas americanas, el mayor riesgo bursátil para el 2020 estaría en la reelección de Trump. Pero realmente nos gusta pensar que al final es la economía lo que importa y en términos económicos los riesgos son más bien que las políticas monetarias expansivas se acaben o que, aunque se prolonguen, dejen de tener impacto en la economía. Dejen de ser eficaces para impulsar el crecimiento.

Bajo la seducción de Trump, y al calor de sus ya un poco repetitivos pero siempre eficaces tuits anunciando que el acuerdo con China está muy cerca, las Bolsas finalizan el 2019 e inician el 2020 dispuestas a seguir batiendo nuevos máximos. La inercia alcista parece imparable, pero harían bien los inversores en no olvidar que algunos desequilibrios y excesos, por cierto muy parecidos a los de 2007 y 2008, siguen creciendo.


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