Como un diligente cabeza de familia

JESÚS SÁNCHEZ-QUIÑONES GONZÁLEZ - Consejero Director General
18 abril 2016
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Artículo publicado en la revista Tiempo.

En los últimos años son miles las familias españolas que han tenido que reducir su nivel de gastos y, por tanto, su nivel de vida alcanzado en los años de bonanza. Esta situación afecta no sólo a familias donde algún miembro ha perdido su empleo, sino incluso aquellas cuyos integrantes han conseguido mantener su puesto de trabajo. La menor capacidad adquisitiva de las familias se debe a un doble efecto: menores ingresos brutos, el sueldo es menor, y a una considerable alza de los impuestos, tanto directos como indirectos, pese a los últimos descensos.

Ante una situación así, un diligente cabeza de familia realiza un examen de todos los gastos de su unidad familiar, prioriza aquellos gastos ineludibles, suprime los superfluos y recorta en todo aquello que no sea estrictamente necesario. Acto seguido, reúne a todos los miembros de la familia con uso de razón y les expone la necesidad de realizar ajustes en el nivel de vida mantenido hasta la fecha. El nivel de ingresos existente en los años de bonanza tardará en volver. Además, las repetidas subidas de impuestos impiden mantener el nivel de gastos anterior. El ajuste de gasto familiar ha sido inevitable y ha requerido de la colaboración de todos los integrantes de la familia.

Si algún cabeza de familia, pese a ser consciente de no poder mantener el ritmo de vida anterior, no se atreve a transmitir a sus familiares la realidad de la situación, y no reduce su nivel de gastos, la cruda realidad acabará por imponerse. Más pronto que tarde le será imposible gastar más de lo que ingresa.

La situación en las administraciones públicas es análoga a la de las familias. Los gastos siguen superando holgadamente a los ingresos. El déficit público alcanza el 5% del PIB, pero medido en términos de ingresos, supera el 10%. Los ingresos públicos procedentes del boom inmobiliario y económico no volverán. La consideración de los ingresos públicos provenientes del boom inmobiliario como ingresos "permanentes", llevó a aumentar el nivel de gastos estructurales de las AAPP. Desaparecidos dichos ingresos, los gastos no se han ajustado en la misma medida.

La actual política del Banco Central Europeo con tipos negativos y compra ingente de bonos soberanos oculta temporalmente el problema, pero no lo soluciona. Lo mismo que un diligente cabeza de familia mentaliza a todos los miembros de la unidad familiar sobre la gravedad de la situación y la necesidad de adecuar los gastos a la nueva coyuntura, sería deseable una pedagogía económica por parte de los responsables políticos exponiendo la realidad de la situación, sin tapujos.

Lamentablemente, los mensajes recibidos desde todos los responsables políticos parecen evitar transmitir al conjunto de la sociedad española la inviabilidad de mantener el nivel de gasto público existente. No obstante, la cruda realidad acabará imponiéndose.

Ahorrar supone renunciar a consumo actual por consumo futuro. Endeudarse para pagar gastos corrientes y no inversión, como hacen las administraciones públicas año tras año, supone justo lo contrario: anticipar consumos futuros a hoy. Ningún diligente padre de familia se endeuda para pagar gastos corrientes dejando una envenenada herencia a sus hijos.



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